24.6.11

[Recetas] Ensalada Yoda -Espinaca-miel-tocino-

Ensalada Yoda (alcanza para 2 jedis)

Para la hermana, en recuerdo de las buenas comilonas
Para la Pirrona, que siempre me enseñó que lo bueno, viene por el apetito

Tómese espinaca. Fresca, bien fresca y no de esa de hojitas chiquitas y delgaditas, como niña zscifrina, fresa, cheta, sino de la de hojas gruesas: sin maquillaje, sabrosa, de campo verdadero, antihidropónico, de la que viene hasta con un poquito de tierrita.

Consígase rúcula, ese hierbajo (“yuyo”, hubiera dicho doña Cristina, pero no entremos en política) que los argentinos comen por montones y que tanto los identifica y se les parece: solo es fuerte, sápido, “agarrador”, pero combinado, simplemente se pierde entre los otros y pierde su personalidad.

Lávense las dos cosas  y mientras se dejan en el agua remojando, búsquese lo siguiente:
-Queso (de preferencia un “gouda” o algo parecido: consistente, amarillo, neutro pero con personalidad y gusto a queso. De ese que te comerías solo(a); podría ser un edam, también)
-Miel
-Una manzana (de preferencia de la golden, la rayadita amarillo-rojo-naranja; ni tan dulce ni tan agria)
-Pimienta negra
-Tocino (“panceta”, le llaman en la tierra gaucha del Borges... aquel que no quería a los mexicanos porque le eran tan parecidos a los argentinos)
-Semillas de ajonjolí (o sésamo, dirían otros; unos pensando en la alegría azteca, otros en la magia de Aladino)
-Aceite (de oliva, mejor; pero si no hay, otro no rompe la fórmula)
-Limón (en Argentina sólo hay amarillo; en MX sólo verde; en Vzla no sé -pero me imagino que actualmente sólo hay rojo!-. Racismos aparte, cualquiera funciona)
-Una sartén, una ensaladera, unos platos, unas servilletas, uno poco de pan, unas copas, dos juegos de cubiertos... y bueno, estamos en la cocina, así que habrá utensilios suficientes).
-Una botellita de vino (al gusto, sólo es para acompañar la preparación, menjurge, invento éste)

Y procédase a lo siguiente:
Ojo, que la ensalada se llama “Yoda” porque el equilibrio es fundamental, pero también depende del gusto: los más salados usen más tocino; los más dulces métanle un poquito más de miel y manzana.

1. Séquense bien (no tanto como la albahaca para el pesto, Pirrona) los verdes y en proporción de 5-6 a 1 córtese la espinaca y rúcula en forma transversal a la dirección de la hoja: sólo para hacer partes comibles y mezclables.... ahora que lo pienso: ¿Y si no hay rúcula? Se me ocurre que un poco de berros podrían servir, aunque un poco menos, porque son más fuertes de sabor.... seguro son mexicas. Pónganse en la ensaladera.

2. Córtese la manzana en cuadritos (sáquele el corazón -descorazónela- para que no sufra después) y póngala en la ensaladera sobre los verdes.

3. Córtese el queso en cuadritos (sáquele la cáscara -descascárelo- para que no pinte de rojo: suficiente tenemos con el socialismo del siglo XXI) y póngalo en la ensaladera sobre los verdes y al lado de la manzana amarilla (verás cómo se camufla).

4. En un frasquito, haga una mezcla de (sigo pensando en los dos comensales, pero hágalo  proporcional) miel: unas 2 cucharadas soperas; aceite:misma cantidad; limón:igual proporción;  pimienta: una pizca. Bien revuelto y “asegún” la visita: más agrilimonoso o más dulcimieloso. Revuélvase bien, con ganas, con ánimo, con gusto y déle su toque personal. Déjelo reposar, pero no lo pierda de vista: ya casi lo usamos.

5. En la sartén, ya calientita, eche unas dos pizcas de sésamo: haga que se doren (¡que no se quemen, por favor!) y cuando comiencen a tronar como “palomitas, corn-pops, pochoclos, (o como le digan en su tierra)”, sáquelas y viértalas sobre la ensaladera que ya tiene lo verde, lo amarillo y ahora recibe lo semilloso.

6. No deje que se enfríe la sartén y, teniendo la sartén por el mango, (como buena cocinera(o) -no seamos feministas-) lance ahí el tocino previamente cortado en rebanadas muy delgaditas (Pausa! En MX lo cortan a lo largo; en AR, a lo ancho; en VZ será por la izquierda, así que acordemos: digamos que trozos de máximo 2x2 cms cuadrados, muy delgaditos, como de 3 milímetros, máximo). Deje que doren y antes de que se quemen, escurra el aceite sobrante y distribuya los trocitos doraditos sobre la ya casi lista ensalada. (acá también faltaba el “¿cuánto tocino?”: para 2 jedis salados, unos 15-20 pedacitos; para jedis dulces, bastan 10).

7. Comience a babear, saborear, y por supuesto a ordenar (si no lo hizo antes, ya se vio lento(a)): “pon la mesa, abre el vino, pon las servilletas,corta el pan en rodajas, actíiiivate!!

8. Llévelo todo a la mesa donde comerán, vierta el aderezo de la miel, limón, etc en presencia del “otro” (antropológicamente el “yo” distinto a mi “yo” autopercibido) -para que vea que sabe hacer aderezos y ponerle “estilacho” y revuelva con su super cuchara-tenedor-para-revolver-ensaladas.  

9. Coma, disfrute, sienta lo agrio, lo dulce, lo salado, el balance y la heterogeneidad culinaria que refleja la globalización de éste, nuestro mundo.

10. Una última recomendación: no pasee el pan solo sobre el aderezo sobrante: siempre mézclelo con un poco de ensalada-tocino, porque solo es muy dulce: a menos que ande en falta de dulzura.

11. ¿Y el postre? Un chocolatito amargo, un “lindt” naranja-cacao... algo que rompa lo anterior.

Buen provecho!