11.3.14

[Reflexiones] Traumatismo post-fractura: cuando los pies y las ruedas nos traicionan, te quiebras

Este blog se quedó estático hace más de una semana. Y es que el suceso no fue menor: reminiscencias de adolescente, una tarde de amigos, unas cáscaras de mezcal, una moto, una billetera vacía. Las ganas de bailar. Corcholatas de cerveza y su contenido. Big bang. Caos, gente en el suelo, moto llantas arriba, ambulancia, temblores, gente ayudando. Amigos, policía, reporteros. Oaxaca. Somnolencia y celular aprisionado en mi mano, como si fuera el único medio de comunicación con el mundo. Hospital.

¿Estás bien? No, estoy mal, pero lo suficientemente vivo como para darme cuenta de la estupidez. Mezclar las cosas del primer párrafo te lleva al sanatorio y eso si por fortuna traes casco. Si no, es posible que no hubieras llegado más lejos en cuerpo -y sí en alma-. Por fortuna. Por esa complicada lógica de lo causal. 

Hoy en casa, recuperando poco a poco el ánimo de escribir, retomando las tareas pendientes que este ya lento 2014 me estaba dosificando. La cama en la planta baja, una férula que supera la altura de la rodilla, un calor difícil de manejar; a la vista de los vecinos en mi gran ventanal. Pez en un bocal. Los amigos y familia cuida enfermos se suceden, cada uno tiene su especialidad. La mía no es andar en muletas. Duele el tobillo roto, duele el ligamento, duele el hemi-peroné separado del otro hemi-peroné. Duele una costilla y el hombro. Con razón nuestros ancestros mezcaleros no tenían motos. 

Toma calcio, toma medicina, toma jugo, toma fruta. Sonríele a la vida y mira hacia adelante. Allá afuera todo sigue rodando y circulando; el hombre de la tiendita y los mezcales te espera. Las ganas de bailar no se han quitado. Las de andar en moto tampoco. Las de este tipo de cocteles de fin de semana sí. Bueno, un poco. ¿Te digo algo? Disfruta la moto, disfruta el mezcal, disfruta el baile... pero a todos por separado. Bang Bang.