5.4.14

[Cuento] Ficción

Un buen día calló.
Tiempo antes cayó. No hay golpe más fuerte que el descrédito. Que digas que eres transparente y que te respondan que el silicón también, "y no por eso carece de químicos" es como un atentado a tu amor propio.

Y eso de que lo propio nunca sea tuyo es como una mentada al capitalismo. En los tiempos de mercado? Pero no, no era de ella. O de él. Él no sabía qué quería ella, ni ella qué esperaba él. Todo era un criptograma. Como hoy. Sólo sabía que lo que escribiera sería siempre un posible epitafio. Bastaba con darle la retórica de un buen tango. 


-Qué será de mí sin ti y sin el vino- se dijo, sin dejar de pensar en ese verano suizo, debajo del puente donde había que pagar 10 euros por un puto Campari. "Si en Buenos Aires te los dan como dentífrico con Carmen, allá en San Telmo". De pronto se sintió Lowry, perdido en su agonía etílica. Qué será de mí sin el vino??

"Desahuciado. Perdido. Abandonado. Perro cojo." Eso es tu amigo, le dijo ella. Mira que venir a morir tan lejos. "Pero qué mierda buscas en mi tierra?"

-Ficciones- pensó. Lo único que me puede dar esta anacronía urbana. Los libero de toda culpa. Llegué solo y así me iré. O no, tal vez no. Me llevaré sus historias y contaré que viven allá, a 5 leguas luz, en un mundo de Antequera y de tradición. Por qué será que la historia siempre se repite?

Se los robé todo y sin embargo insisten en endiosarme. En este castillo donde nunca llueve siempre decimos una verdad y la acompañamos de una mentira. Construimos silogismos de realidad fingida. Si en este país se hacen ciudades rurales, pueblos urbanos, helados calientes y papas sin colesterol. Oximoramos.

Dónde me quedé? Donde estoy. Dónde estoy? En un mundo sin acentos. Con voces de cabeza baja, de silencios que gritan, de ciegos que señalan y de hambreados con panza. Latinoamérica Norte número 12, entre Guerrero y Chiapas, casi esquina con Veracruz. Junto a vecinos que hablan con los ojos pero nunca lo dicen. Cierra, cierra, cierra. Duerme y despertarás...

La lluvia llegó y mientras, piensas en ese que acusaron de Templario. Nunca lo viste, pero sí a ella. Con su cara de devoradora de corazones. Templarios sin temple; corazones rojos y rotos. Se comen ficciones.