21.3.15

[Política] ¿Cómo jodimos a México? ... y cómo podemos perjudicarlo aún más.

Hace años, un recordado profesor de la universidad nos pasó aquel texto que hablaba de un experimento con ranas: más o menos decía que si ponías agua caliente en una olla y echabas una rana, ésta saltaría de inmediato para escapar del calor, pero que si en cambio dejabas la rana en agua fría e incrementabas poco a poco la temperatura, ésta simplemente se iría adaptando hasta morir. Más allá de la crueldad del ejercicio de laboratorio, me parece que explica perfectamente lo que nos pasa a los mexicanos. 

¿En qué momento comenzamos a sentir que el clima de inseguridad, violencia, intolerancia política y represión era parte de la temperatura normal? ¿Cómo es que -como la rana- nos vamos adaptando a este dramático incremento sin que hagamos ningún ejercicio para salir de la olla?


No sé si podría definir un punto de quiebre particular, pero identifico hitos históricos y sociales que tienen a una enorme mayoría de la población en este letargo y sopor. Como éste no es un artículo científico ni me interesa hacer un enorme texto, trataré de listarlas brevemente: 
  1. El 68. Si bien generó una enorme protesta social, también es cierto que la salvaje represión agotó a muchos movimientos de base amplia, instaurando el miedo a pensar en el colectivo social; 
  2. TELEVISA. El enorme poderío de este monstruo mediático se hizo sentir a partir de los años ochenta: sin control y sin competencia, el gigante comenzó a "zombiatizar" a la población que inició una dieta de desayuno, comida y cena alrededor de novelas, productos chatarra y noticieros controlados; 
  3. El PRI. En un ida y vuelta entre la cultura PRI y la mexicana, los actos deshonestos, las dinámicas de acarreo, manipulación y acuerdos bajo la mesa se instauraron en la política y en nuestra vida diaria: una poderosa maquinaria que se alimenta a sí misma y en la que no hay voces externas que generen reflexión y autocrítica; 
  4. Las políticas neoliberales. Más allá del proceso privatizador -sin duda debatible e imposible de hacer en condiciones transparentes en los años noventa- el aporte central de esta época es el paradigma del individualismo: "ayúdate a ti mismo, que nadie más te ayudará". Bajo esta filosofía se desarticularon sindicatos, cooperativas y muchos ejercicios de trabajo comunitario. Esto no sólo incrementó la distancia entre pobres y ricos, sino que detuvo una posibilidad única de acenso social: la educación pública sufrió enormes recortes presupuestales y perdió posibilidad de crítica y reflexión.
No fue solo el PRI, no fue solo el PAN: todos nosotros, desde nuestras pequeñas acciones cooperamos un poco a joder a este país. ¿Hiciste alguna transa, aunque fuera pequeña (medidor de luz, trámite de placas sin pago de tenencias)? ¿Usaste tus influencias para ayudarte o ayudar a alguien cercano? ¿Seguiste al pie de la letra la instrucción esa de "de política, religión y fútbol no se discute en esta casa"? ¿Te cansaste de pensar en los menos afortunados que tú? Bienvenido al grupo de los culpables. 

Dice por ahí una frase que cuando pienses que todo está mal te preocupes, pues siempre puede ir peor. ¿Más muertos? ¿Más represión? ¿Más protestas sociales? ¿Más Aristeguis sin chamba y censuradas? ¿Más Casas Blancas? Sí. Esto empeorará si el PRI-AN-RD-VERDE mantienen el poder en las cámaras y gubernaturas después del 7 de junio. Una dictadura perfecta, individualista, corrupta y autoritaria, de cuño estaliniano podría estar a escasos 70 días.

¿Y por qué puede instalarse? Por las condiciones sociales de desinformación, censura y represión, y porque además de la enorme masa poblacional a la que siempre han apostado los viejos dinosaurios, el PRI domina los extremos de la pirámide: Los que están en el tope superior, sin control ni reglas, felices de que nada cambie; y los que están en el tope inferior, sin educación, con Televisa-televisión y se conforman con el trabajito, el apapacho y el favor político. Los que viven el sueño de la cenicienta: Enrique, bombón, te quiero en mi colchón.  20 familias y 60 millones de mexicanos.

No, no soy pesimista. Este es un análisis sobre mi país, pero sigo pensando que si volví después de 7 años en el extranjero, es porque aún creo que podemos cambiarlo. No obstante, me parece imposible que lo logremos dos millones de mexicanos: como lo expresó claramente Carmen Aristegui, "Esta es una lucha de todos, y es por la libertad". Libertad, el valor que se juega este 6 de junio. El poder de cambiar es nuestro: es tuyo y es mío, pero ni puedes, ni puedo solo.

Haber nacido en México es una circunstancia de la vida. Haber vivido en otros países y tener la oportunidad de ver tu realidad nacional desde afuera es una gran suerte. Otras naciones también tienen problemas, pero también tienen historias y aprendizajes: han sabido hacer frente a muchos de los problemas que aquí nos aquejan. En este país, dolido, madreado y reprimido, también hay voces que se quejan hace años: músicos, políticos, intelectuales, gente de a pie. Personas que nos advirtieron sobre el camino que podría tomar nuestra nación: ¿te acuerdas de "Alármala de tos", de "aquí no pasa nada", de Scherer, Poniatowska o de Heberto Castillo? Tal vez sería bueno que los volvieras a escuchar o leer. 

Hoy, más que nunca, en México aplica la vieja frase de "Hace días vinieron por los negros, pero yo no dije nada porque no soy negro; después vinieron por los judíos y tampoco dije nada porque no soy judío... pero hoy vienen por mí". Tenemos como ciudadanos una responsabilidad: recuperar el sentido de las elecciones, de entender que no podemos vivir aislados en la sociedad, abrir el diálogo, motivar la discusión y exigir que existan la igualdad, la honestidad y el respeto. Demasiadas advertencias: aunque pensemos que esto está de la chingada, todavía puede ser peor. Vota.

No podemos permitir que esto continúe así: Si lo hacemos, recuperarnos nos costará más años de los que ya tenemos hipotecados. Comencemos por escuchar y apoyar a los que se quejan, es un primer paso para no permitir más descomposición... y una manera de pedir perdón por no haberlos escuchado antes.