22.9.16

[Reseñas] Taiko "El hábil cara de mono", de Eiji Yoshikawa


Hace tres semanas inicié un viaje al Japón feudal y para mi mala suerte hoy emerjo de él. Fue una aventura llena de castillos, samurais, pajes, ninjas, monjes, batallas, caballería, caballerosidad y muchos descubrimientos de un mundo velado para la mayor parte de nosotros. Por ignorancia y ceguera autoinflingida, porque los materiales están ahí. En esta reseña nocturna hago una breve escapada al mundo que conocí a través de Eiji Yoshikawa. 

Todo comenzó el día de mi cumpleaños. Como buen humano monótono, decidí obsequiarme el libro de cada año. Entré y erré en la enorme biblioteca de la Proveedora Escolar de Oaxaca hasta caer sobre éste: "Taiko, el hábil cara de mono". Me gustan los libros regalados y recomendados, pero en mi cumpleaños, también me gusta que nadie me lo sugiera, cuando me permito el reto de elegir entre lo desconocido.

Justo ahí donde otros se sentirían perdidos, yo me siento libre de escoger... 

Lees la portada y la contratapa. Por una vez, cierras los ojos ante el precio y lo pagas. Te sientas en una mesa y comienzas a leer. 


Durante 581 páginas me transporté a época y tierra ignotas: los americanos ya éramos presa del salvajismo europeo y transicionábamos de lo prehispánico a la conquista católica. Sangre y fuego circulaban por nuestro continente; la globalización era rampante. Del otro lado del mundo, un enorme archipiélago llamado Japón se construía endémicamente. Cierto: adoptaba una herencia china pero tenía un shogún (el treceavo), señores feudales, un calendario, letras, arte y una serie de costumbres y pensamientos de caballerosidad y respeto, ininteligibles para el mundo occidental, donde el engaño y la traición eran moneda corriente. 

Un archipiélago atomizado lleno de pequeños tiranos, pero al mismo tiempo con un sistema social plenamente estratificado en el que las mujeres apenas tenían un poco de participación y mucha sumisión. Los hombres en cambio, vestían poderosas armaduras y disputaban con otros grupos el dominio del territorio. Tenían agentes secretos (ninjas) y mensajeros con libre paso que entregaban correos al castillo enemigo sin que tuvieran miedo de ser asesinados o secuestrados. 

O al menos eso es lo que nos cuenta Yoshikawa. Cuando uno lee su texto, entiende la filosofía actual del Japón: el honor, el respeto por los mayores y los amos; la fuerza de las tradiciones, la posición de la mujer, el valor de la negociación, la caballería espiritual, que mencionaba Eco en su Péndulo... Es, como siempre, esa construcción dialéctica: ¿Quién hace la cultura del lugar: el libro que la cuenta y la repite y la define, o el pueblo que la vive y escribe en el libro? En México leemos los Bandidos del Río Frío o las Noticias del Imperio para entender nuestras mezclas e historia; en el Japón leen historias de Samurais, de honor y de hombres que a punto de morir hacen reverencias a su señor y dicen: "Esta noche se aproxima mi despedida. Una vez más debo mostraros mi gratitud por los años que me habéis dispensado vuestra gran benevolencia [...] Cuando miro atrás, mi único pesar al partir es que no os he podido servir de nada." (p575)

Así se construye una nación y un credo: "Naciste humano en un mundo de caos. Las cosas más vergonzosas son la vanidad en la indumentaria, la vanidad en la comida y oprimir a la gente ordinaria y pacífica. Los llamados grandes clanes provinciales hacen tales cosas, así como los ronin. La familia de Hachisuka Koroku no es como ellos, y creo que ya te he advertido al respecto." (p 49). A golpe de golpes morales. Claro que hay corrupción en Japón, pero no es tan tolerada como la que tenemos en otros sitios. 

El libro relata la historia, de forma novelada de Toyotomi Hideyoshi, un hombre que nació pobre pero hijo de samurai y que poco a poco fue escalando por la historia hasta convertirse en uno de los que el Japón considera los tres hombres más importantes de la gestación de una nación: los que lograron unificar los diferentes clanes y grupos hasta crear un país. 

"La afirmación de que el trabajo es cosa del cuerpo no corresponde a la realidad. Si el trabajo no está impregnado de espíritu, no hay ninguna diferencia entre el sudor de los hombres y el de vacas y caballos. Manteniendo la boca cerrada Tokishiro pensaba en la verdadera naturaleza del sudor y del trabajo. Aquellos hombres trabajaban para comer o bien para alimentar a padres, esposas e hijos. Trabajaban por el alimento o el placer, y no se alzaban encima de eso. Su labor era pequeña y humilde..." (p174).

Por supuesto, el libro es épico y la historia novelada. Está además traducido del Japonés al inglés y de ahí al español (de España). ¿Cuánto nos estaremos perdiendo en traducción? No obstante, la historia es apasionante. Uno se queda con las ganas de partir a viajar por el imperio del sol con libro en mano y retrazar los recorridos, reconocer los personajes en la historia y leer más, mucho más. Comprender una parte del mundo de la que tenemos una escasa y más que vaga idea pero tiene mucho que enseñarnos. Como dice el mentor Hanbei a punto de morir y con gran sencillez: "Sí, el mundo me ha parecido un lugar interesante". 


Para quienes hemos sido fans y fieles seguidores del mundo jedi, es imposible emitir interjecciones de sorpresa: sin duda el creador de la guerra de las galaxias estudió con detalle la historia del Japón feudal y de sus señores; la filosofía de los monjes del siglo XVII y el budismo. El espíritu de los guerreros de entonces. Hay tantas cosas que se repiten y regresan. 

Finalmente y también de mucho interés, los atisbos de relación del Japón con el  mundo occidental: el sacerdote jesuita que quiere establecer su iglesia y necesita la aprobación del gran señor; los bárbaros del sur (los portugueses), que vienen a vender armas, los primeros mosquetones y pistolas que harán un enorme cambio en la forma de hacer batallas entre señores de los castillos. 

Un libro a no perderse para quien tiene un poco de interés por la historia de Oriente, no fuese sino para tener un poco más de cultura general o para reflexionar sobre la construcción de los patrones sociales y reinvención de las tradiciones. Por supuesto, con tantas reflexiones que uno se dice que nuestras autoridades deberían de considerarlo entre sus diez libros de cabecera. Tal vez así tendríamos menos casos de cinismo y corrupción. 

Yoshikawa E. 2011 [1967], Taiko. el hábil cara de mono. Quaterni, Madrid. 581pp.