22.11.09

Adicción al trabajo, un mal innecesario.


Nunca te das cuenta cómo entras a este mal, y como muchas de las adicciones, nunca te das cuenta de que las tienes hasta que puedes hacer un alto en el camino y mirarte en retrospectiva.

El Andaryego comenzó por hacer un trabajo de un par de meses que le permitió diagnosticar no sé qué vainas (algo así, como "sí, el niño está enfermo, he comprobado que la diarrea, la temperatura y los ojos en blanco no se deben al balonazo que le dieron sus amiguitos en el partido de futbol de hoy por la tarde, señora") y después de ahí recibió el ofrecimiento de una chamba... que hoy lo tiene completamente ausente del cuadrante. (clic a seguir leyendo)


No es que sea simple exceso de trabajo, pues cuando uno está bajo presión, simplemente le pone un poco más de pilas y saca el tema, pero después vuelve a sus andadas.

Tampoco se trata de que comiences a trabajar a las 6 de la mañana y termines a las 10de la noche (pues finalmente, justificas, no estás siempre haciendo la misma cosa y pegado a la computadora).

Mi caso es distinto: me he autodiagnosticado adicción al trabajo. En lengua sajona: "I'm a workaholic". Es una enfermedad maligna. Me gustaría contártela para que la identifiques, y si la padeces, hagas algo y no te quedes ahí mirando.


Primero: influencia del medio.

1. ¿Eres soltero, recibes un buen sueldo y te crees muy responsable? La empresa busca gente como tú.
2. Estás fuera de casa, tienes pocos amigos y con frecuencia la única forma de ponerte en contacto con ellos es a través de la computadora.
3. Has decidido demostrarte que eres capaz de sobrevivir sin la ayuda de nadie: te importa satisfacer los problemas de las personas.
4. El medio te inyecta solicitudes de información que vas poniendo una sobre otra en tu escritorio (puede ser virtual... también hay escritorio en las PC)
5. La computadora es un poco "todo" en tu vida: tu música, tus contactos, tu teléfono, tus archivos, tus fotos... (y claro, tu trabajo, pero eso, acostumbras no recordártelo: no vayan a pensar que eres adicto al trabajo): siempre hay un buen pretexto para encenderla.

Segundo: los síntomas.


1. Varios días a la semana te despiertas temprano con un poco de nervios por todas las actividades pendientes. Te dices que no importa, que te lo tomarás con tiempo y desayunas en paz, pero después te olvidas de las horas de almuerzo reglamentario con tal de "avanzar" en los pendientes.
2. Tus amigos te envían correos y los vas dejando en la fila de espera: hay cuestiones del trabajo que son más urgentes; cuando los abres y lees (por la noche, o el fin de semana), los respondes en un par de líneas y a todos les cuentas que has estado ocupado, "pero estoy bien" (tal vez, incluso te dices que ellos "tienen demasiado tiempo libre" y "no tienen mucho qué hacer")
3. Los fines de semana tiendes a relajarte con unas cervezas, buena cena, o una salida casual, luego el sábado lo dedicas a reposar un poco el desvelo y te dices que te gustaría salir, pero estás cansado y prefieres quedarte en casa (por si acaso, el tema del que hablaste con quiensea que hayas visto, termina siendo laboral).
4. También te dices que esta semana las cosas serán diferentes: te piensas dar más tiempo para ti mismo, haciendo ejercicio, respondiendo mails de amigos, llamando a la familia (o en mi caso, escribiendo). Pero llega la semana y nada de eso se cumple: sigues sin mirar al reloj, o simplemente le dices: "media hora más, y listo."
5. Último nivel: el día que al fin logras darte un poco de tiempo, te das cuenta de que no tienes nada que contar, porque dedicas el 80% de tu tiempo al trabajo y has perdido el interés por otras actividades, aquellas que te divertían: leer, escribir, salir al campo, hacer fotografías. ¿Qué más puede contar alguien que no sale de su monotonía diaria?


Soluciones:
1. Como en toda adicción/enfermedad, lo primero es reconocer que estás enfermo.
2. Creo que después tendría que venir otra autoevaluación: ¿soy capaz de hacer todo lo que me piden? Si la respuesta es sí, tal vez sea una cuestión de reorganización.

En mi caso, la respuesta es NO: siento que tengo demasiada chamba y no soy capaz de administrarla. Al final, creo que soy yo mismo quien se exige de más y como no tengo otra cosa que hacer, simplemente me dejo llevar por el perfeccionismo.

Voy tratando, poco a poco, de reducirme la exigencia, pero necesito, a la par, de un cambio más radical...
3. Sí, mis decisiones suelen ser fuertes: he decidido que tengo que seguir mi camino. No más en el mismo puesto, me voy a hacer algo en lo que creo: la necesidad de mejora personal, de aprendizaje, de recuperación de la calidad de vida. Hace tiempo que había decidido que el dinero no es la felicidad, así que llega el momento de inyectarle de nuevo al cerebro información. El contrato no se renueva, y voy por lo que sigue.
3a. Si mi plan fuera quedarme acá, creo que comenzaría por buscar más amigos fuera del núcleo laboral; una chica con quien pasar más tiempo; un grupo con el que pudiera salir a pasear los fines de semana, una bicicleta, una moto... y trataría de separar las cosas del trabajo de las de la casa: dos computadoras o al menos dos discos duros...


Al final, creo que la adicción al trabajao o "workhaolism" se debe a la soledad, resultado de nuestra vida moderna que nos hace extrañar más a nuestros amigos de lejos, que preocuparnos por hacernos unos "de cerca". Es tiempo de cambiar, andaryego.