1.7.10

[Reflexiones] Historia del Samuel que quiso ser Samuel (Sobreviviendo el proyecto de tesis)

... bueno, la verdad es que escribes bonito, pero no tienes ni idea de lo que es un problema (y dicho sea acá entre nos, ni de un marco teórico, ni de una hipótesis, mucho menos de una tesis...). 

El Andaryego ha descubierto que tantos años de literato amateur sí han servido de algo. Hacer cuentitos sirve tanto como hacer cuentitas; escribir ensayos sirve tanto como ensayar; blogguear ayuda a redactar. Al menos.


Parece que mi forma de escribir no es tan mala (claro, después de veinte versiones, algo tiene que comenzar a tomar forma), de hecho a varios de los compañeros doctorandos, les entretiene y divierte. Pero en el fondo parece que también tengo la habilidad de escribir una enorme cantidad de contradicciones que no demuestran otra cosa sino la fortísima relación entre mi escritura y mi tema de tesis: me quejo de la hegemonía y quiero que los pobladores aprehendan mis textos; critico la academia, pero estoy ahí adentro; hago una enunciación apropiada de mi objeto de estudio, pero no puedo describir el problema. 

A veces me siento como en aquella caricatura donde un niño pelea con un gigante y por más golpes que le da, el gigante invariablemente lo toma de la chaqueta y lo proyecta en el aire. El pequeñín cae por allá lejos, se recompone un poco la ropa y va de regreso a buscar pelea.  

Así soy: persistente, testarudo, idealista, empecinado, crítico ácido jugonaranjesco, polémico... los que me conocen, le pueden poner otros treinta adjetivos. 

Pero igual, miedoso de largarlo todo y más bien caminando por el filo: la sociedad no funciona, pero si la quitamos, ¿qué nos queda? El turismo es capitalismo y el capitalismo es dominio, pero si eliminamos esto ¿quién va a pagarnos la nómina para ir a tomar cerveza? Siempre cercano al salto, pero ahí, en la cornisa.  Me pregunto si un día de estos tendré que decidir si debo continuar peleando por el cambio desde afuera o desde adentro (charla que nos mereció al menos un par de horas el martes por la noche). Dicen que los revolucionarios en el viejo sentido ya se extinguieron.

Los adultos prefieren hacer los cambios desde dentro del sistema: sí, cambiémoslo, pero que no nos duela tanto. ¿Y qué sucede al final? Que es un cambio de opereta, un maquillaje, un capitalismo sustentable, un auto híbrido, un presidente de color pero de escuela privada, un papa moderno (pero al fin y al cabo del Vaticano). 

En cambio cuando tenías 20, todo tenía que cambiar. Y radicalmente. El mundo tenía que ser más justo: había que hacer el amor y no la guerra, se tenían que ir todos, tenía que implementarse el comunismo, se necesitaban eliminar las instituciones y crear unas nuevas. 

Pero ya pasaron esos tiempos. Ahora hay que construir, no hay que ofender, hay que sopesar las palabras, hay que ser parte de la sociedad. Si criticas las instituciones se te pueden caer los cabellos... y peor aún: la ideología. Es peligroso, puede doler y no todos tenemos un corazón adaptado a miradas inquisitivas; el agua fría hace tiritar; si dejas de creer en, requieres un Dios sustituto; si no te ases (de asir) a algo, te caes... y el mundo gira a más de 2000 kms/hora. Eso Duele. 

Ahora (y siempre) el andaryego se cuestiona. Y cuando escribe o comparte sus dudas, contribuye a la confusión de sus amigos. Lo siento. No, no lo siento. Bueno, sí, ahora que lo pienso, de hecho que lo siento, pero no sé si es un sentimiento negativo o positivo. Digamos que depende del momento, de la frase y de la persona.  En ese caso, sentir es bueno. ¿Quién dijo que decir "lo siento" tenía que ser sinónimo de pesadumbre? ¿Por qué si alguien te dice "te extraño" no podríamos responder "lo siento", es decir, "me causa un sentimiento positivo saberme extrañado"?

Pero cuando el andaryego mete su sarcasmo en la academia, corre peligro de excomunión: "¿cómo que somos pedestres?" No, una disertación de doctorado es el máximo documento de la academia.... ande a preguntarles a sus neozelandeses a ver si sus tesis son tan satíricas como sus papers. ¡Son cosas distintas! mi hermano ¡usted se pasa!  ¡Esto no es broma!  A la institución, ni con el pétalo de una rosa... acá somos serios.  En fin, bueno, yo... lo siento, de hecho, lo siento mucho. 

Por ahora, habrá que dejar descansar ese proyecto un par de días, dejarlo que tome tanto aire como necesite, permitir a su dueño reflexionar un poco más sobre la forma de abordaje que usará en la próxima visita al gigante.  Qué cosa tan rica que es el debate y cuantos sabores tiene: frases de pimienta, voces de dulce, oraciones especiadas, letras condimentadas.

Un párrafo de partida: todo esto me hace recordar a Borges (también motivo de debate de nocturna de martes y matutina de miércoles) y su texto "El arte de injuriar". Dice así: "Una tradición oral que recogí en Ginebra durante los últimos años de la primera Guerra Mundial, refiere que Miguel Servet dijo a los jueces que lo habían condenado a la hoguera: 'arderé, pero ello no es otra cosa que un hecho. Ya seguiremos discutiendo en la eternidad' "

Contra Miguel Servet del Reino de Aragón, en España: Porque su libro llama a la Trinidad demonio y monstruo de tres cabezas; porque contraría a las Escrituras decir que Jesús Cristo es un hijo de David; y por decir que el bautismo de los pequeños infantes es una obra de la brujería, y por muchos otros puntos y artículos y execrables blasfemias con las que el libro está así dirigido contra Dios y la sagrada doctrina evangélica, para seducir y defraudar a los pobres ignorantes.


Por estas y otras razones te condenamos, M. Servet, a que te aten y lleven al lugar de Champel, que allí te sujeten a una estaca y te quemen vivo, junto a tu libro manuscrito e impreso, hasta que tu cuerpo quede reducido a cenizas, y así termines tus días para que quedes como ejemplo para otros que quieran cometer lo mismo. (Más sobre Servet, acá)
... Por fortuna los tiempos han cambiado: ya no hay hoguera, aunque la iglesia sigue excomulgando