27.1.11

Yurimaguas - Iquitos

Imposible entrar a Blogger para actualizar, as{í que utilizo plan B
que es enviarme un correo. Sorry si el formato cambia un poco y no hay
fotos, pero ya vendrán.

El viaje de Yurimaguas a Iquitos es toda una aventura: 2 noches, 3
días en un barco que va a paso muy lento, lleno de familias, turistas,
visitantes, tripulación, vacas, bananos, fruta, arroz y mil cosas más.
Las hamacas se alinean en dos niveles y sólo el viento que corre nos
salva de morir perfumados por tanto humano.

La cadena que recomendaban traer para amarrar las cosas ha resultado
muy práctica (uso una que compramos con Katia para amarrar la bici que
Franco nos prestó en Bs As). Puedo irme a duchar a una de las 3 duchas
(y sanitario) que compartimos 200 personas, aprox. sin sentir que me
quedo sin cosas.

La primera noche no es tan divertida: unos militares alardean de su
condición y arman un show. Nos sentimos intimidados, pero al final no
pasa nada. Avanzamos al nuevo día y zarpamos a las 13:00

La comida-cena se sirve en el piso inferior al nuestro: tienes que ir
con tu tupper (si no lo compraste antes, te o venden) y hacer fila,
como cualquier presidiario o militar en cuartel: un poco de carne o
pollo y bastante arroz, para que no se diga que se pasa hambre.

En ocasiones resiento la soledad... esto de viajar siempre solo a
veces no es tan entretenido, sobre todo cuando te topas con
extranjeros que sólo comparten entre ellos los países y ciudades
visitadas como si fueran estampas de colección.

Leo. Otra buena recomendación: traer muchos libros. He terminado con
Geertz y ahora voy con Dean Mac Cannell. En efecto, no son lecturas de
vacaciones, pero también debo pensar en no olvidar el doctorado... en
fin. Intento también, de vez en cuando luchar contra mis ánimos
aislacionistas y me acerco un poco: dos holandesas, muchos argentinos,
tres británicos, dos colombianos, nada nuevo bajo el sol.

El sol sale, la impresionante amazonia aparece: ancho de medio
kilómetro, el río Huallaga se une al Marañon y el paisaje es
increíble: verde y más verde. De vez en cuando paramos en alguna
comunidad y suben aguajes, bananos y bajan humanos... el tiempo pasa,
sigo pensando si haré mi Praga-Shanghai en solitario o convenceré a
alguna amiga para entonces. No quiero ser el mismo francés quejumbroso
que recorría Patagonia solo en su auto de alquiler y sólo viajaba para
devorar kilómetros. ¿maduro o me hago viejo?