7.12.14

[Política] ¡Bolas! Dos interjecciones y un eufemismo sobre el término

La palabra "bolas" tiene múltiples sentidos en México. Me gustaría tomar algunos ejemplos de esta movida semana para reflexionar al respecto y reforzar la tesis que presenté en días anteriores en el sentido de que el país transita por un proceso de cambio en el que cada vez más personas pasan de la sorpresa a la incredulidad, luego a la indignación y finalmente a la acción. Aprovecharé también para explicar porqué considero que lo que menos le hace falta en este momento a la nación son ánimos de accionar.


1. ¡Bolas! (como interjección de sorpresa)
Hace unas horas algunos vimos con asombro cómo el televiso Eugenio Derbez -como él mismo se denominó- se tomó el tiempo durante la inauguración del Teletón para hablar de corrupción, marchas, injusticia, casa en Las Lomas e incluso para burlarse frente a Emilio Azcárraga de los sueldos de Televisa.  ¿De qué tamaño será el miedo por el fracaso de la colecta de este año, que se abrieron los micrófonos para que este crítico light pudiera soltar algunas frases que parecían tan realistas y bien actuadas que algunos estuvimos a punto de sacar la tarjeta de crédito y dar nuestro apoyo a los CRIT?

Más allá del temor por la baja colecta, quedan claras dos cosas: 1) Que el mercado cambia y que Televisa poco a poco requerirá abrir su panorama político para no perder audiencia, porque buena parte del pueblo evidencia su molestia y; 2) Que lo anterior también muestra la apropiación oficial del discurso que nadie "supera"(como pidió Peña Nieto recientemente). "Cuando no puedas con el enemigo, únete a él", dice la máxima, y eso es lo que hace el grupo en el poder: adopta el simbolismo de Ayotzinapa para indignarse él también. Primero fue López Dóriga poniendo en su avatar de Twitter el número 43, luego fue el mismo Peña Nieto diciendo que también era Ayotzinapa y hoy lo hizo Televisa en voz de Derbez: "los televisos también estamos enojados por la desaparición". 

¡Bolas! Parece que el gigante de las telenovelas nos dará más sobresaltos.

2. Bolas (como eufemismo de desorden).
En días pasados Cristian Castro (finísimo hijo de Verónica Castro y el "Loco" Valdés, ambos actores a sueldo de Televisa) tuvo una lastimosa entrevista con el periodista López Dóriga, en la que este último se burló de él porque sugirió que entre sus personajes favoritos de la historia estaba "la chica esa... de la Cruz", haciendo alusión a Sor Juana Inés de la Cruz. Pero el harakiri fue más lejos pues Castro, tratando de reivindicarse retó al periodista a preguntarle por su héroe favorito de la Revolución o Independencia. López Dóriga optó por la segunda y Castro respondió "Benito Juárez". Nuevo fiasco que hizo la delicia de los tuiteros durante varias horas. ¿Desorden y falta de comunicación al interior de Televisa?

Otra pequeña muestra: a más de dos semanas de la declaración de Angélica Rivera (ex-actriz televisa y ahora primera dama-actriz del país) en el sentido de que había firmado en su convenio renuncia una exclusividad con Televisa que le dio más de 100 millones de pesos, nadie del corporativo se ha pronunciado al respecto. La bola de nieve ha crecido tanto que por eso tuvo que salir Derbez a justificar el Teletón: la gente razona que si el monstruo televisivo es capaz de pagar tanto dinero a una actriz de rango mediano, entonces deben ser capaces de poder ayudar a los niños en discapacidad sin necesidad del apoyo de la población. 

Hechos bolas, los actores tras bambalinas. 

3. ¡Qué bolas! (Cómo expresión de poder y valentía) 
Y mientras Televisa parece patinar en su propia m...ugre, otros pasan del descontrol a la organización espontánea: quienes somos asiduos (¿adictos?) a Twitter hemos visto interesantísimos fenómenos de colaboración imprevista. Tal vez el más interesante es el de la mutación del hashtag #YaMeCanse hacia #YaMeCanse2 que, en cuestión de horas mostró cómo los usuarios de la red comprendieron el ataque cibernético, compartieron la información sobre su funcionamiento y propusieron un nuevo tópico mejorado, porque además ahora es utilizado con las recomendaciones para evitar que sea anulado rápidamente. Y si sucede -como eventualmente pasará-, ya se tienen pensados los nuevos hashtags: #YaMeCanse3,4,5... y hasta el 43, dicen los tuiteros.

Más: lo que pasa en las redes no se queda en las redes: circulan logotipos, mantas, tractores, maestros, "contingentes carriola" e instrucciones para comportarse y comunicarse en las marchas que evidencian cómo los ciudadanos se organizan. Semejante nivel de integración hace pensar en el 1985, cuando el gobierno (casualmente también del PRI) fue incapaz de responder a la crisis que ocasionó el terremoto y los ciudadanos se repartieron tareas para responder a los apremios del momento. El terremoto de 2014 -social esta vez- muestra poco a poco el músculo de su organización. 

¡Qué bolas para detener en la marcha de ayer 6 de diciembre a presuntos provocadores, amarrarlos y después liberarlos sin un solo rasguño!

¡Qué bolas, las de los sacerdotes coahuilenses que organizan su marcha y la de Agustín Gómez, para inmolarse en Chiapas! 

¡Qué bolas, las de quienes señalan sin miedo a los corruptos, a los represores, a los policías y los denuncian!

Desafortunadamente la expresión de poder se da también negativamente en otros ámbitos del espectro político: hace algunas horas se informó que parte de los restos hallados en Cocula pertenecen a Alexander Mora Venancio. Saber que un estudiante fue detenido, secuestrado, probablemente torturado y después calcinado obliga a preguntarse quién pudo tener las bolas de ensañarse con tal fuerza, y cómo pudieron tenerla sus secuaces para desaparecer a otros 42. 

Qué bolas también las de los salvajes que desollaron a Julio César Mondragón y los que hicieron lo mismo con Kassandra Bravo; qué bolas tienen Peña Nieto y su séquito que se quieren mantener en el poder a pesar de todos sus críticos. ¡Qué bolas!

Dos interjecciones y un eufemismo
Declaré al inicio de este post que parecía que poco a poco el pueblo de México cambia y que el número de sorprendidos, incrédulos, indignados y personas dispuestas a pasar a la acción crece. A este ritmo, es probable que en lo que resta del año vivamos una avalancha de cambios, protestas, debates, revelaciones. Existe -a pesar de nuestras suspicacias- una buena posibilidad de que vengan cambios en los mecanismos de autocensura en los medios de comunicación... por una exigencia de mercado y de cambio cultural. Si no puedes con el enemigo, únete a él.

No parece -hasta hoy- que venga un cambio inminente en el nivel ejecutivo, pero es seguro que se continuará insistiendo en ello, y desconocemos el umbral de resistencia de Los Pinos.  Lo que sí parece seguro es que las elecciones de 2015 traerán giros inesperados, a pesar de que en el inicio de año lleguen inyecciones millonarias de recursos en las campañas -al más viejo estilo priísta- que no harán sino impulsar la caída de este grupo político que no termina de entender que México está en una nueva fase.

Así, entre interjecciones de sorpresa, eufemismos de desorden e interjecciones que anuncian el recrudecimiento de los despliegues de poder, entra 2015, cargado de emociones y dudas. Pero si de algo se puede estar seguro, es que los mexicanos de a pie cada vez se hacen menos bolas, que los del poder están muy revueltos y que... de que en México hay bolas, hay bolas.