10.2.17

[Viajes] Un viaje más al desarrollo: Rupununi, Guyana, Sudamérica. Parte 2

Segunda parte de un texto dedicado a un viaje por Guyana. Después de la llegada a Rupununi, me centro en las actividades laborales y los sitios visitados. Éste es también un viaje por el "hinterland" o zona interna del país: selva y sabana hasta donde se pierde la vista, teñida de unas cuantas manchas de humanidad. [La primera parte, la encuentras aquí]
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Hace muchos años, cuando hice uno de los viajes que marcaron mi vida, me encontré con la magia de Sudamérica. Durante casi seis meses viajé en una motocicleta por lugares recónditos, conociendo personajes únicos, llenos de historias. Fue ahí cuando decidí que me gustaba el espacio rural: gente honesta y laboriosa que corre irremediablemente hacia el torbellino del "desarrollo con todo el ánimo de alcanzar, también, el éxito que todos anhelamos.

Pero lo rural tiene una ventaja: siempre te otorga la posibilidad de comenzar de cero. O al menos de reflexionar con más calma, de perderle el miedo a la prisa. En el campo, la vida no se mide en segundos-bolsa-de-valores, sino en días-crecimiento-de-la-planta. En el campo se mira al cielo para averiguar la mejor época de siembra, se respetan las arrugas porque significan que has sobrevivido muchas estaciones y se ríe con la dentadura incompleta, pero con ganas y sinceridad.

¿Qué pasó en el Rupununi?
Hace más de diez años que hago un trabajo dual: enterrador y emprendedor. ¿Cómo? Dijo Lévi-Strauss que el antropólogo que llega de afuera a una comunidad perdida cumple dos funciones: la de tomar nota de los sucesos y costumbres locales y la de contribuir a su destrucción. En mi caso, hace más de diez años que advierto sobre el mundo de afuera y preparo a la gente para la llegada de la "globalización". Traigo ideas de negocios y sobrevivencia, como quien da gotas de veneno para que cuando llegue la dosis letal, el cuerpo haya generado resistencia. 

En Rupununi pasó mucho. Fuimos contratados para hacer un manual para pequeños emprendedores rurales. Aunque se centra en Turismo y Agricultura, insistimos en la visión contextual y sugerimos que se incluyese el trabajo en equipo y las alianzas estratégicas, para que pensemos más allá. La razón del viaje era ir a campo para probarlo con los emprendedores y darles una pequeña formación.


Durante cuatro días recorrimos unos 300 kilómetros de terracería en dos camionetas: una fresa Toyota 4x4 con aire acondicionado y un camioncito de 25 plazas que absorbía el polvo a razón de 1 kilo por kilómetro. Fuimos primero al Bina Hill Institute, donde hicimos la charla introductoria, luego nos movimos al poblado de Surama, donde pernoctamos en una iniciativa de Turismo Rural Comunitario. Enseguida visitamos una pequeña granja avícola y después tomamos rumbo a Caiman House, en el poblado de Yupacari, donde se observan y estudian tortugas y caimanes. Tras el tercer pernocte, fuimos a la granja de Randy Gilbert y pasamos al "Santa Fe Mega Ranch", una empresa de un archi-millonario que produce arroz en la selva (como ya sucede en varias zonas del Perú, Colombia, Ecuador, etc.).

Hicimos este viaje, que llamamos "learning trail", con un equipo de treinta personas: representantes del ministerio de agricultura, del ente contratante, pequeños emprendedores de turismo y agricultura, dos videógrafos... y nosotros como facilitadores.

Los sitios
El Bina Hill Institute se ha caracterizado por formar a jóvenes de las regiones 8 y 9 -aledañas- en temas de agricultura y turismo. Dado que la zona tiene más del 80% de selva amazónica, el interés central es conservarla y ejercer prácticas sustentables. De hecho, el país ha adoptado una "Estrategia de Desarrollo con Bajo Uso de Carbono", que implica la no deforestación, no industrialización y en general, la reducción al máximo de contaminantes. A cambio de esto, los países industrializados deberían pagarles por preservar su bosque... interesante y muy debatido, porque algunos acusamos un dejo de colonialismo en el trato. Por supuesto, el tema es digno de más reflexión y lo abordaré -al menos tangencialmente- en el tercer y último post sobre Guyana. Bina Hill fue nuestra sede durante dos días. 


Solo para dar un poco de sabor y contexto, les presento acá una canción que nos cantaron los jóvenes de la escuela y que habla de la belleza de Rupununi y del peligro que representa el cambio climático. Aquí el link al audio de lo que escuchamos y acá un link a un video de YouTube, que presenta otra canción de la misma escuela. Como podrán ver, así es como se construyen los discursos políticos.  

Surama, por su parte, es un pueblo precursor en el tema de turismo comunitario: en los años noventa, uno de sus habitantes -hoy Ministro de Asuntos Indígenas- acordó con la población construir un albergue para recibir visitantes y mostrarles la forma de vida de la selva. Desde entonces reciben algunos turistas al año. Surama Ecolodge ha recibido apoyo de distintas fundaciones, así como una buena cantidad de visitantes, incluidos príncipes y dignatarios.

En ese mismo lugar recorrimos la finca de Trevor, exitoso productor de gallinas que sería un excelente ejemplo de emprendedor: vivió en la capital unos años, trabajó en KFC y otros negocios, aprendió técnicas de HACCP y volvió a su tierra a montar un negocio de producción que hoy tiene cientos de animales. Trevor es un interesante personaje que también está dispuesto a transmitir sus experiencias a vecinos y amigos: a ayudarles a vivir mejor y poner sus negocios. 

Desde Surama manejamos un par de horas hasta Caiman House, emprendimiento creado por unos americanos que después lo "heredaron" al pueblo. Se investiga a los caimanes negros y al mismo tiempo es un albergue que se mantiene gracias al turismo. Su fin último es la educación y alfabetización: buena parte de sus ingresos se emplean en un proyecto que consiste en la compra de libros (o recepción en donación) y reparto en escuelas cercanas. Adicionalmente, cuenta con una biblioteca infantil propia.

El Tushao, o autoridad responsable de Yupacari -hombre de no más de treinta años- trabaja muy cerca de ellos para la conservación y el buen manejo de la iniciativa. Ahí, Deleine y Tony, ambos egresados de Bina Hill reciben a los visitantes y se esfuerzan en dar un servicio óptimo, educar para la conservación y fortalecer el proyecto de bibliotecas públicas. ¡Se aceptan donaciones!

Partimos de Caiman house hacia el rancho de Randy, pequeño productor agrícola y gran emprendedor: heredó algunos terrenos de la familia y se dedicó a la producción de vegetales, frutales y ganado. Tiene algunos invernaderos y riego por aspersión, algo aún inédito en la zona.

Utiliza la composta del ganado para fertilizar los campos y genera así un círculo beneficioso. Randy nos dio una charla muy motivadora acerca de emprender. Me gustaron algunas de sus frases. Una fue que innovar necesita arriesgar y probar, pero siempre con optimismo: "Sorry if I'm being to optimistic, but this is the nature of development". También nos habló de la crudeza del mercado, que no perdona y requiere también que seas duro en los negocios: "to do business, you have to be aggressive". Sí, así se forjan los emprendedores.

Pero tal vez la frase que más me gustó es una que habla de cómo se aprovechan las oportunidades en tiempos de crisis. Alguien le preguntó qué hacía cuando el pozo no tenía agua y perdía cosechas por la sequía. Su respuesta fue simple y llana: "the drier season is an opportunity to enlarge your well". Sí señor. Como dijo el buen maestro Rafa Serrano (otro día les cuento de él), "toda limitación abre una posibilidad."


Casi para terminar pasamos a Santa Fe, la otra cara de la moneda: una granja industrial arrocera que es frecuentemente acusada de excesivo uso de fertilizantes. Ahí, el debate se armó: ¿es posible cultivar grandes extensiones de forma orgánica? ¿Qué es mejor: producir en pequeños terrenos o grandes terrenos? Mundos rurales que se encuentran: la cultura de la sobrevivencia y sustentabilidad versus el consumo masivo. Una discusión que aún no termina de resolver el mundo, pero que seguimos con interés.

Finalmente, llegamos a Manari Ranch, pieza importantísima en la historia local: en los años setenta hubo un intento de sublevación del Rupununi contra el gobierno central y el Manari Ranch tuvo un rol importante en todos los sucesos: se dice que la vieja oligarquía local quería su propio país para anexarlo luego a Venezuela, mientras el gobierno central hizo todo lo posible por evitar que el ya de por sí pequeño país, se pulverizara. Hubo detenidos, juicios y encarcelados. Suena a Texas, ¿no? En el Manari Ranch, la "vieja" construcción data de los años 40 y está siendo restaurada por otra pequeña emprendedora para convertir el edificio en hospedaje-museo-boutique. 


¿Qué es lo interesante de todo esto?
Más allá de las impresionantes carreteras que hacen pensar en la Patagonia -espacios sin un solo ser humano a la redonda- y la sensación de despoblado y vacío, lo rico de este viaje es la posibilidad de convivir con personas desconocidas y la oportunidad de comunicar e intercambiar: historias, aprendizajes, enseñanzas y experiencias con un grupo totalmente heterogéneo. El diálogo intergeneracional fue gratificante, tanto como escuchar cómo se tejían alianzas.

Durante este taller usé parte de una técnica que llaman "Art of hosting", en particular el "Círculo de diálogo" que nos ayudó a generar empatía con los participantes. Combinada con la experiencia personal y de la socia, lo que recibimos fue un bombardeo de información de muy alta calidad: historias que podrían convertirse en decenas de posts. Fue también gratificante escuchar que varios de los asistentes hicieran compromisos consigo mismos sobre lo que harían con lo aprendido en el curso. 


Pero no, esto no es magia. El camino es largo. Tony, Jackie, Deleine, Trevor y los otros veinticinco participantes tienen mucho por hacer. El Rupununi es un lugar mágico que me gustaría visitar con más tiempo y me hace pensar en mis zonas rurales de México; en los espacios donde trabajé en el noreste peruano y en todas esas zonas que hoy están "lejos" de lo que llamamos civilización: sin acceso a universidades, agua entubada, servicios de electricidad, medicina de calidad... Zonas donde vivir es casi un milagro y educarse y salir son retos casi inalcanzables. El proceso de "desarrollo" no perdona ni respeta a nadie.

Y sin embargo, todas estas personas son propietarias de conocimientos ancestrales, entienden otras formas de vida y pueden leer un bosque, una fruta o un paisaje como ni tú ni yo podríamos hacerlo. Son poseedores de mapas distintos a los nuestros... y lo triste es que muchos de ellos, ni siquiera lo saben. 

En el capítulo siguiente, las reflexiones finales del viaje y un poco de la vida de la capital, Georgetown. No te lo pierdas!

La tercera parte puedes verla aquí