3.7.17

[Reflexiones] La teoría del Metro Cuadrado


El 6 de agosto de 2011 me encontraba en Tafí del Valle, Argentina, realizando el trabajo de campo para mi tesis doctoral. Fue ahí cuando escuché por primera vez la "Teoría del metro cuadrado".  Me la contó Daniel, uno de los personajes centrales de mi investigación. Un hombre exitoso, iniciando sus cincuenta, propietario de un par de negocios relacionados con el turismo y que justo entraba a la política. "Para hacer algo y contribuir", decía. Esto fue lo que me contó. 


Daniel es un tipo especial. Inteligente, avezado y de origen humilde. Es uno de los empresarios de Tafí que han apostado por el turismo. Lo acompañé durante varias semanas para conocerlo mejor. En ese tiempo había también decidido ser candidato a concejal y visitaba diferentes poblados del área. Fue en una de esas visitas que me lo contó: 
"Una vez conocí a alguien de Salta que tenía un aparato para hacer mamografías y que quería evitar el tema del cáncer en las regiones indígenas de la puna. Él me enseñó que hay que trabajar su metro cuadrado: un metro cuadrado es un lugar donde participas para hacer algo por la comunidad. Lo eliges y comienzas a trabajar ahí, enfocado, solo en tu "metro cuadrado". Luego, lo vas ampliando poco a poco, hasta que te das cuenta que es un lugar más grande y que tú estás tratando de perfeccionarlo, de hacer bien las cosas, de llevar a cabo la mejor de tus tareas... Para mí, ahora que estoy metido en política, mi "metro cuadrado" es el espacio geográfico de Tafi. Ahí quiero trabajar con la gente."
Daniel, en plena campaña
Pregunté después y alguien me contó que en una de las temporadas más duras de frío la carretera se había cerrado y la gente de Ojo de Agua (el poblado donde me contó su teoría) se había quedado a la deriva, sin comida. Daniel, me dijeron, había llegado hasta ahí con su camioneta de 4x4 que usaba para los tours y llevado comida y apoyo para la gente. Un pequeño ejemplo de la ecuación: metro cuadrado + camioneta = solidaridad.

Así es, concreto, simple: el metro cuadrado es hacer algo en el espacio que te rodea en el día a día e irlo creciendo para incluir a más personas que también quieren cambiar positivamente. Su idea me pareció primero un poco banal, pero ahora que reconozco la situación de nuestro México, me doy cuenta de que aplicaría muy bien: dejar de lado el desinterés y trabajar también por los demás. No, no se trata de una revolución socialista (estamos muy lejos aún de una izquierda funcional), sino de mirar por tu espacio, incluidas las personas que están en él. 

Hacer bien las cosas, pensar cómo tus acciones afectan a otros, reflexionar cómo podrían ayudarles; ser el ejemplo de tu grupo y fomentar que cada quien ponga su grano de arena en su "metro cuadrado"... No, no es demasiado pedir: en México hemos nadado imperceptiblemente hacia mundos individualistas que nos han encerrado en burbujas y generado una peligrosa situación, la de ser capaces de llegar a ver cómo alguien es robado o violado y no hacer nada. O la de aumentar nuestra tolerancia a la corrupción y a la mentira ("total, mientras no me corrompan o mientan a mí, no me importa"). Esas, y muchas otras actitudes -como pensar que las elecciones están predestinadas a ser fraudulentas y el PRI a quedarse de por vida- son las que nos impiden avanzar como sociedad.

El "metro cuadrado" es una forma simple de entender que sí podemos impactar y cambiar al mundo: si cada uno de nosotros trabaja en su metro y lo va ampliando, lograremos hacer hectáreas cuadradas y abarcar a México...

Todo es cuestión de comenzar: ¿tal vez iniciando con un centímetro cuadrado en nuestro cerebro?Te invito a pensarlo y poner manos a la obra. Aún podemos dejar un mejor país.


Postdata: Esta historia del Metro Cuadrado me hizo recordar la historia de las lagartijas que pelean, de François Vallaeys, que usaba hace años para contar la importancia de prestar atención a lo que pasa a nuestro alrededor. Escúchala en el link, te la recomiendo, hasta para tus hijos.