27.6.18

Mis dos post de política de esta #Elección2018


Quienes me siguen desde hace tiempo recordarán que en tiempos electorales suelo postear con más frecuencia. En las presidenciales suelo dar mi opinión sobre los candidatos y proponerte al mío, invitándote a acompañarme eligiéndolo a él (quisiera decir "ella", pero no ha sido el caso). 

Esta vez no lo haré. Lo evitaré porque ya me conoces, pero también porque siento que juegan elementos más importantes: me gustaría reflexionar sobre esta elección. Anticipo que haré dos posts. El primero (éste) antes de la elección, y el segundo, después, para contarte cómo me fue como representante de casilla de un partido. Va, pues, la primera parte.

Incidencias y candidatos
Los números son apabullantes. En este proceso electoral han muerto más de 110 candidatos. Por primera vez –desde las quejas de Cárdenas en 1988 por asesinato de miembros del frente de entonces– este número pone el proceso electoral en el contexto de la violencia general del país: la clase política no ha sido escatimada. O toca intereses o es parte de ellos, pero ahora sabe lo que es el riesgo de la vida. 

La calidad es terrible. Si bien es cierto que los hay rescatables, otros son simplemente de vergüenza, en todos los partidos, sin excepción: hay chapulines, futbolistas, cantantes, PurisCarpinteyros, Napoleones, Juanitos y por supuesto hijos y esposas de políticos (Beltrones, Yunes, Erika Alonso). Un buen amigo bromeaba hace días ante el peligro de un potencial Cuauhtémoc Blanco candidato a presidente en 2024. No por su profesión –tan respetables todas– sino por la calidad de su discurso o el nivel de su debate. No implica otra cosa que un nivel bajísimo del electorado: habrá quien diga "a mí no me representa", pero hay otros miles que dicen que a ellos sí. De no ser así, simplemente no sería candidato. De las mezclas entre partidos ("coaliciones"), ni qué decir. Todos, otra vez, tienen la misma situación: ¿PAN-PRD? ¿Morena-PES-PT? El PRI, sus satélites, el CROC, la CTM, Nueva Alianza, el Verde que de verde no tiene un ápice, etc.

Y las incidencias... ¡uf, las incidencias! Si alguien decidiera hacer una novela, un anecdotario, una antología o un anuario de estupideces, se llevaría un Pulitzer: llamadas a nuestros teléfonos desde empresas fantasma, amenazas si no votas a tal candidato, filas de gente que recibe gratificaciones, "tarjetas" de dinero en promesa, dinero en efectivo que circula en días de elecciones, despensas, tanques de agua, creación (o cancelación) de apoyos públicos, condicionamientos de servicio, acarreo y una interminable retahíla de "notitas chuscas" que en cualquier otro país serían motivo de vergüenza, escarnio público y burla. En estos días terminé de leer el clásico de Suetonio, "Las vidas de los doce Césares" y no es muy distinta la historia de lo que veo hoy: crueldad, asesinatos, venenos, destierros... Orgía política. No más. 


La prensa sería –desde mi humilde opinión– la que sale mejor parada. Por supuesto existen los informativos tendenciosos y chayoteros, pero las del "mainstream" (las grandes), hicieron un papel mucho menos duro que en años pasados. Esto, sin duda, motivado por la competencia de las redes: hoy en día es muy fácil señalar "Fake News" y verificarlas casi de inmediato (la plataforma #Verificado jugó un buen rol durante los debates). Vimos cómo bajaron al soez de Ricardo Alemán, a Alatorre entrevistar a AMLO muy amistosamente y hasta a los protagonistas de Tercer Grado tratar a López Obrador con decencia. No, no se confunda el lector: no hablo de una prensa perfecta, pero sí más balanceada. Anaya salió perdiendo, pero todo parece indicar que su fiebre por el poder ya era el resultado de su fiebre por el dinero. Y debe tener mucha más cola que le pisen. Que esté entre la opción de la presidencia y la de la cárcel, no habla nada bien de nosotros como país.

Por supuesto, hubo encuestas a modo, pero –eso lo comprobaremos el domingo– el partido de estado nunca estuvo siquiera cerca del primer lugar, y eso dice mucho. El Tec de Monterrey, una plataforma que adquiere cada vez más renombre en las campañas, recibió a los tres candidatos y los trató de forma muy similar. No me quejaría tanto de la prensa como en años anteriores. En escala de diez, le pondría un 7 u 8, contra un 4 o 5 en el pasado. Claro, hubo ataques fuertes, pero eso también habla de nuestro derecho a no estar de acuerdo, y creo que es bueno. Los que mintieron deben ser señalados y llevar las cargas penales y sociales que merecen. 

La democracia imperfecta
En los últimos días se leen tuits al estilo "¿Por qué dudas del INE si tu candidato va tan arriba en los números?". Hace algunas semanas lo señalé: para comenzar, porque no estábamos acostumbrados a estar en primer lugar; en seguida, porque uno nunca sabe qué es lo que pasa "detrás de cámaras" y ya hemos visto esta película antes: 1988, 2006, 2012. El partido que ha gobernado a este país casi durante un siglo ha encontrado siempre el modo de traicionar a la democracia. Tal vez la diferencia –hoy– es que la distancia del puntero es tan grande que realmente podría romper el voto duro y las viejas mañas. Está por verse.

Somos un país con una enorme desigualdad: mientras nos enteramos cómo la SEP publicitaba a su titular, supimos que se gastó en ello más que el costo de la evaluación de los maestros; al tomar conocimiento del gasto en campañas, también aprendimos que el dinero de la reconstrucción no había llegado completo, otra vez, en todos los partidos. La historia de siempre: los grandes beneficios a los políticos y las migajas a los pobres. Mientras esto no cambie, los trescientos, quinientos o tres mil pesos por voto serán una triste forma de aprovecharse de la pobreza y reproducir la desigualdad. Rampante, triste, grosera. 

¿Es ésta "la elección más peleada"? No sé. Me parece que fue más peleado 1988, 2000 ó 2006. ¿Es la más grande? Sí, pero también lo fueron las otras presidenciales: si la demografía de este país solo crece, ¿por qué no habría más votantes cada año?

Con todo eso hemos vivido durante años. La democracia mexicana es imperfecta y lo seguirá siendo mientras sigamos en este nivel de desigualdad. Como he insistido, no puede haber árbol sano en bosque enfermo; no puede haber pueblo, ciudad o país que funcione si no hemos hecho la tarea en nuestro metro cuadrado. Es un camino largo que tenemos que avanzar y tomará años. Lo que no se vale es cerrar los ojos ante la injusticia, la violencia, la segregación y la discriminación. No se vale quedarnos pensando que en nuestra burbuja todo funciona. O decir que nosotros estamos bien y que los jodidos son ellos.

Lo que viene, lo que sigue
No quiero invitarte a votar por alguien porque pienso que esto no debería de pasar. Lo que deberíamos tener es la certeza de que nuestro voto será respetado y que esto implicará un cambio, un giro, un ajuste, sí. Que lograremos superar los problemas de hoy y que miraremos hacia adelante. 


Más bien, me gustaría invitarte a que pensemos en lo que significa la democracia: el respeto a nuestro derecho de elegir, pero también el derecho de las minorías de ser escuchadas. La democracia y el estado que funciona es uno en el que UNA vida vale tanto como cualquiera otra, en donde la violencia no es una moneda de cambio; es un lugar que cuenta con ciudadanos responsables de sus actos, que se preocupan y hacen algo por lo que pasa más allá de sus narices. El estado que funciona es uno que piensa y trabaja en el futuro, en la desigualdad, en la redistribución, en nuestro impacto social, económico y ambiental. En mi sueño (mío, de mí), haríamos tanto esfuerzo por luchar contra la extrema pobreza como contra la extrema riqueza... 

¿Llegará en este 2018? No, no llegará. Se darán unos pasos en ese camino, pero la ruta es larga. Nos siguen faltando el plebiscito, la segunda vuelta, los límites a las campañas, la fiscalización apropiada, la responsabilidad y castigo al funcionario público corrupto e ineficiente. Nos urge un sistema de justicia efectivo... y mil cosas más. 

Pero por ahora solo nos queda una tarea: votar. Después tendremos que exigir que la decisión de las urnas se respete y que se castigue a quienes hagan trampa. Luego habrá que mejorar el sistema electoral y lo demás, pero por ahora, votar y tomar la función que nos corresponda, si fuimos llamados a ser representantes de casilla o de partido, o como autoridades electorales. 

En los dos últimos días atentaron contra dos candidatos en Oaxaca. Uno falleció y otro está en el hospital. También robaron boletas en Oaxaca y Tabasco. Ése no es el México que yo quiero. Ojo, que quien lo hace intenta desanimar nuestra incipiente democracia. No lo permitamos. Este primero de julio, salgamos a votar en paz, con alegría y con el respeto de saber que todos los mexicanos somos iguales y que todas nuestras ideas valen tanto como las de otros mexicanos. No es la última, ni la única oportunidad, pero sí la más cercana en el tiempo.