
23 de marzo 2010.
Ayer, salida de Lima: para darle un poco de sabor al ejercicio, me atreví a tomar un taxi conducido por un señor no menor a mi abuelo. Velocidad máxima: 50 km/h; calles: convencionales, llenas de tráfico y de semáforos; tiempo de llegada: 1 hr aprox.
Pero lo logré, aunque llegué al aeropuerto con los nervios a punto de turrón y con ganas de matar al pobre viejito que al final terminó tan nervioso como yo. Llamémosle "la última antes de partir de Lima"...
En Buenos Aires, tomé mi taxi de rico desde el aeropuerto hacia el apartamento, por la mínima cantidad de 120 pesos (unos 30 USD). No hubo mayores contratiempos y de nuevo un "homo testus argentus" me puso en la puerta de la casa.








