31.7.16

[Reseña] y reflexión sobre el libro "La Casa Blanca de Peña Nieto", de Aristegui y equipo.

Termino una lectura rápida pero constructiva: "La Casa Blanca de Peña Nieto" del (ex-) equipo de investigaciones especiales de MVS y Aristegui. Más allá de proponer que su lectura me parece obligada, me gustaría hacer algunas notas y comentarios. 

¿Cómo llegamos a esto?
En primera instancia me hace pensar en dos males que carcomen a nuestra sociedad y cuyos visos de solución aparecen tan lejanos y tan cercanos al mismo tiempo: la impunidad y la corrupción. Imposible hablar de una sin tener a la otra presente: en México la corrupción es un proceso complejo y común. No solo entre los políticos, sino entre los ciudadanos de a pie, como tú y como yo. 

Hace un par de días leía un artículo que hablaba sobre los graves problemas de los municipios: el autor retomaba datos de una investigación que decía que "de acuerdo con Morris (2011), se ha establecido en México un sistema de instituciones informales basadas en relaciones de amistad, familiares y económicas que poco tiene que ver con la ley escrita" (Aguirre y Aburto, 2016). 


Entendí que debido a nuestro cortoplacismo, frecuentemente motivado por las urgencias para resolver problemas cotidianos, los mexicanos (como muchos ciudadanos de otros países de fuertes desigualdades, burocracias y discontinuidades lógicas) encontramos soluciones a partir del rompimiento de las reglas: si el semáforo está en rojo y no hay tráfico, entonces nos pasamos el alto; si tenemos que hacer la verificación del auto cada seis meses, pagamos en el taller para que "ajusten temporalmente" el motor y evitamos perder tiempo; si nuestro hijo no entró a la universidad que queremos, hablamos con el tío que trabaja en ella para que lo acepten. Somos nosotros mismos quienes promovemos con nuestras diarias y pequeñas acciones, la corrupción. Formas de solución de corto plazo que pasan sobre los derechos de otros (el derecho a cruzar la calle sin preocuparnos de que venga otro auto, el derecho de respirar aire puro, el derecho de otro estudiante mejor preparado para entrar a la escuela). 


El problema es que no los comprendemos como un atropello al derecho de terceros, sino como una solución a nuestro problema. Nunca, al menos ése es mi recuerdo familiar y universitario, nos hicieron énfasis en los derechos del otro, sino en la ineficacia de los procesos, su carente lógica o simplemente en lo negativo de hacerlo, por el riesgo que corremos en romper las reglas. Los derechos de los demás rara vez son la explicación: no nos han enseñado que una ley es un acuerdo social que -al menos eso se supone- está hecho para regir nuestro comportamiento en el espacio donde vivimos. 

Y así, la corrupción se instala en nuestras vidas como un acto común, tolerado y aceptado. 

El paso siguiente es que quien detenta un poco de poder lo emplea para corromper a otros, pero ya no como ciudadano de a pie, sino como autoridad, sabiendo que desde su puesto será difícilmente alcanzado por la justicia. De esta forma, impunidad y corrupción institucionalizadas se convierten en el flagelo social de nuestro mundo contemporáneo.

La historia de la Casa Blanca de Peña Nieto
Probablemente sin lo anterior en mente, el periodista Rafael Cabrera se encontraba en la fila de un supermercado del DF y se topó con la revista Hola!, que gusta de revisar de vez en cuando. Angélica Rivera aparecía en la portada y en la entrevista hablaba de una casa en la que viviría con Peña Nieto una vez que dejaran Los Pinos [llamados oficialmente "Rancho la hormiga", pequeña nota curiosa]. Este dato le saltó a la mente y fue lo que inició la investigación, muy bien contada en el libro que trato de reseñar. ¿De dónde había salido esa casa y cómo la había comprado; la había mencionado en su declaración patrimonial?

En las apenas 220 páginas del texto, los autores Daniel Lizárraga, Irving huerta, Sebastián Barragán, Carmen Aristegui y el propio Cabrera nos llevan no solo por el proceso de investigación periodística, sino por un entramado de acuerdos, negociaciones, redes de impunidad y cómo lo mencioné arriba, instituciones informales basadas en amistad, familia e intereses económicos. Sí, tal como nos sucede a todos los mexicanos todos los días, pero con la excepción de que el indiciado es el presidente de México (la máxima autoridad y figura ejemplar de una nación), y de que no están en juego unos cientos, sino miles de millones ¡de dólares! El botín es enorme, en esta red de impunidad y corrupción.

El presidente, ¿digno representante de nuestra mexicanidad? Tristemente sí. Por lo menos el "digno" representante de una enorme cantidad de mexicanos que emplean su poder y han naturalizado esta forma de hacer negocios: amistad, pequeños premios, obsequios, intercambio de votos, favores y palmadas en la espalda. Y digo pequeños, porque todo se relaciona con la proporción de la que hablemos: aunque muchos nunca los veremos juntos, 7 millones de dólares no son nada si los comparamos con los jugosos 3700 millones que significaba el contrato de construcción del ferrocarril México-Querétaro que ganó el grupo Higa, quien obsequió la Casa Blanca a EPN. Cadenas de favores y apuestas que comienzan con una corbata al licenciado, luego una comida para el presidente municipal, después en un helicóptero prestado al candidato y culminan en esto: un amasiato político-empresarial. El sistema operativo paralelo de los negocios en México. 

Leer este libro no aporta nueva información a quien estuvo más o menos al tanto del caso, pero sí genera un proceso reflexivo que consigue poner en un solo documento todas las informaciones que escuchamos durante los días -ver meses- que Carmen Aristegui tuvo a su cargo la primera emisión del programa de noticias de MVS radio y contó esta historia. Corrupción e impunidad institucionalizadas, AC. En la medida que avanzamos en la lectura vamos también comprendiendo cómo es que este gobierno de PRI Reloaded ha conseguido llevar al nivel federal el sistema de operación estatal que desde 1925 rige al Estado de México. Hicieron sus pruebas en el EDOMEX y ahora llevan las prácticas a nivel nacional.  

¿Qué concluir?
En primera instancia, que el texto definitivamente debería ser de lectura obligada. No por el caso de la Casa Blanca o por la de campo de Videgaray en Malinalco, sino para reflexionar y vernos en el espejo de cómo funciona nuestro país. No en vano el gobierno está haciendo todo el esfuerzo de retirar el libro del mercado para que no lo lea más gente. 


En segundo lugar, que requerimos más periodismo de investigación y que es nuestra obligación apoyarlo: tenemos que leerlo, fomentarlo, debatirlo y exigir una total libertad de expresión, por dura que sea. No existe otro medio de cambiar al país sino reflexionando acerca de sus entuertos y conociéndonos cada vez más. A Aristegui y sus autores, mi mayor solidaridad desde éste su humilde blog.

En tercer lugar que no sirven de nada la reforma educativa, el sistema nacional anticorrupción o la secretaría de la función pública -con su títere Virgilio o sin él-, si no somos capaces de comprender que la corrupción daña los derechos de terceros, que la impunidad es un abuso de poder y que si no operamos un cambio a nivel personal, no tendremos ojos, ni rostro para reclamar a otros por sus malos manejos. 

Finalmente, que el cambio tardará tanto como estemos decididos a implementarlo. Desde nuestras pequeñas trincheras, desde nuestros mínimos espacios, negocios, puestos, cursos, relaciones. No se trata de dejar de hacer, se trata de hacer mejor, con más profesionalismo y con respeto hacia la propia dignidad y la de los demás. Este país, por su posición geográfica, por su historia y por sus condiciones socioeonómicas, merece un mejor lugar en el mundo: un puesto de avanzada, no de bufón de la impunidad.

Lizárraga et al. La Casa Blanca de Peña Nieto. La historia que cimbró a un gobierno. 2015. Grijalbo. 220pp.