4.4.20

[Reflexión] Me voy a morir.



Me voy a morir

Y no lo podemos negar: tú también.  Ésta es una de las pocas verdades 100% ciertas de la vida.  La pregunta, por supuesto, es "¿Cuándo y cómo?" En efecto, nadie queremos sufrir. Todos quisieran una muerte de antología: bonita, en cama, rodeados de gente querida, perfecta, pues. Pero... ¿Tu vida lo ha sido? Algunos también pensamos que sería más lindo morir haciendo lo que te gusta hacer y no de viejito, achacoso, sin memoria, dependiente... En fin, el hecho es uno: nos vamos a morir. Yo escribo con frecuencia de la muerte. Tal vez tanto que a veces pareciera que ya tengo como un volumen de epitafios preparado y al final, nada. Como dice mi padre: "¡Puras promesas!"


Pero no escribo porque me quiera morir, sino porque la considero parte de la vida. Para mí es un paso normal en el ciclo y a veces pienso que lo olvidamos: nos hacen temerla tanto que nos ponen nerviosos y paranoicos. Soy de los que miran hacia atrás con frecuencia y piensa: "pues qué bueno que ya hice eso, porque al menos no me quedé con las ganas". Sí, me encantaría llegar al 2040 para pilotear un cohete y dar la vuelta a la luna (aunque no sé si me darán aún una licencia); o saber si en 2027 se cumplirán las imágenes de Children of Men, pero por lo pronto, me siento feliz de lo que he pasado y como bien decía Antoine de Saint-Exupéry: después de los 30, cualquier ser humano ha vivido lo suficiente como para no tener miedo a morir". 

Un día, una agente del Ministerio Público en Honduras, después de que hice una de mis gracias extremas y me dejé robar por una morena de fuego que me dejó literalmente desnudo y sin nada, me dijo que lo que había hecho era terrible y que lo más seguro era que atrapara VIH, Hepatitis o Tuberculosis, porque "¡esas negras tienen todo!" (¡y que si lo tenía! Pero esa es otra historia). Seguí mi viaje con el nudo en la garganta y el miedo en el corazón, evitando tener más relaciones, hablar con mujeres lindas, pensado que de un momento a otro me vendría la tos, el esputo (no, no pienses eso. La tos, pues!), la fiebre, y quedaría ahí tirado, a la mitad del camino...  Al volver a mi tierra, me hice un análisis de sangre, y con la hoja de resultados me fui a pasear por la ciudad gritándole al aire "Soy libre, soy libre, no tengo nada!" Rebozaba felicidad. 

También me dijeron que no fumara esa hierba, que no tuviera sexo sin condón, que no me fuera en moto a la Patagonia, que no caminara solo por la selva... y bueno, acá estoy, contándoselos, como joven preparatoriano, claro, con canas.

La última sucedió hace poco: después de un duro accidente motociclístico y unos cinco años tratando de recuperar mi pie, en muy mal estado, fui a ver a un médico que me dijo que no tenía remedio (el pie: de mí, ni hablar) y que más bien debería comenzar a pensar en alguna de las dos opciones: "Le fijamos el tobillo al pie, para que ya no se mueva, o le ponemos una prótesis porque su tobillo ya está en la fase 4 (de 5) de desgaste óseo". Ya me imaginaba con un pie de resorte, corriendo el maratón de Boston… Pero hace 2 meses que salgo a trotar y mi pie, lejos de empeorar, se está fortaleciendo. No creo aguantar un maratón, pero tampoco estoy donde me dijo. 

Tal vez solo había que cambiar de zapatos

Así he descubierto que hay que tenerle más miedo a los que te aconsejan, asustan, prohiben, dan instrucciones y amenazan, que a los que te miran y felicitan por la próxima estupidez que harás. Sí, hay que consultar a un médico o a un psicólogo, pero hay que aplicarle un factor de credibilidad: multiplícalo por .3 o .2 y vete a tomar el consejo de otros... y luego vuelve a casa, tómate un mezcalito y decide. 

HOY
Hace unos 6 meses salió un coronavirus de algún lado. Algún día sabremos si se lo debemos a las delicias gourmet de una sopa, a las inteligencias norteamericana, china o rusa, o incluso al prefacio de la crisis capitalista más grande que la humanidad haya vivido, pero el asunto es que destapó una reacción en cadena de increíbles dimensiones. Algunas bien reales, otras que rayan la mejor película de ciencia ficción. Y nos quedamos absortos, impresionados, mudos y en shock. Como cuando regañas a un perrito con un periodicazo, nos fuimos a refugiar debajo de la mesa de la sala, al fondo de la casita donde dormimos y nos quedamos calladitos. De repente asomamos la cabeza y ahí estaba el dueño del periódico mostrándolo en la mano, así que dimos media vuelta, emitimos un gruñidito con tristeza y volvimos al sillón, a hacernos bolita.... Los delfines y ballenas, mientras tanto, disfrutan el ancho mar. 

Los más críticos e insubordinados (siempre hay cachorritos rebeldes), agarraron periódicos, libros y se pusieron a pensar, a ver qué pasaría después. Unos se arriesgaron a salir, otros, se quedaron ahí, pero pensando y haciendo...

Los subordinados, en cambio, solo tomaron su teléfono y se pusieron a leer en Facebook y las otras redes todas las amenazas con forma de periodicazos digitales y decidieron quedarse adentro, más seguros y al abrigo.  Eso no cambió mucho el pasado: antes del evento, ya existían los acomodados con el sistema y los que no lo estaban. Así es la vida, y así fue siempre. 

VIDA Y FICCIÓN
Los más pesimistas hemos puesto el grito en el cielo porque tememos que nuestras libertades se reduzcan. Nos da miedo que nos limiten los viajes y que en la eventualidad de otra situación como ésta, simplemente se repitan los patrones y nos vuelvan a encerrar. Nos quejamos porque pensamos que esto puede ser el principio de uno de nuestros grandes miedos: una película de ficción convertida en realidad. Sexo virtual, comida de plástico, drones vigilando nuestros pasos, pulseras para monitorear nuestros movimientos, dinero de plástico para que no usemos efectivo, gente encerrada en ghettos y ricos encerrados en torres hipervigiladas, con toques de queda: "¡Tiren a matar en el nombre de la seguridad del estado y del bien familiar!". Y hay muchas razones para temerlo; basta ver las noticias de los medios masivos y ahí está, claramente mostrado todo lo que acá presento. 

Uno de mis grandes miedos es no poder ir a una biblioteca para elegir un libro y que lo tenga que comprar en línea. A Paul Mason, a quien leo en este momento, lo encontré por causalidad: quería regalarle a un amigo un libro y fui a mi sitio favorito. Tuve la fortuna que no hubiera más el que buscaba y decidí pasear por los estantes. Ahí encontré su Postcapitalismo (te regalo 15 páginas). Ese libro cayó en mis manos justo ahora y estoy admirado de cómo anticipó esta situación: él plantea (en 2015) que el mundo no da más, que el sistema económico capitalista está agotado, que el cambio climático nos está haciendo pedazos y que deberíamos parar.... ups. ¿Dónde estoy viviendo esto?

TEORÍA DEL CAOS OPTIMISTA
Así que me puse a pensar: ¿y si el que soltó el virus (déjenme contarlo como una película) en realidad estaba parando el mundo porque sabía que si no lo hacemos vendría una crisis mayor, algo así como "llegamos a miles de toneladas de dióxido de carbono y se comienza a morir la gente como palomas en Londres en los años setenta, las fábricas están trabajando a todo y no pueden parar; Dos Bocas se termina y los Chinos siguen produciendo con carbón; el nivel del mar sube 80 centímetros y se nos acaba Saint-Tropez y se inunda París?

Entonces ahí podríamos hablar de un complot de los verdes. Los capitalistas rugirían y harían todo lo posible por reiniciar sus empresas contaminantes, mientras los demás humanos nos ponemos en las puertas de las fábricas y exigimos que se mantengan paradas, demandamos que los gobiernos del mundo cesen la producción de carbono y comencemos a producir alimentos orgánicos, haciendo obligatoria en todas las currícula la formación agronómica para que cada hogar tenga al menos dos macetas y produzca una mínima parte de sus alimentos, forzándolos a que tengan patios comunitarios de producción de hortalizas... Obligados a usar la bicicleta, a tener un presupuesto máximo de uso de carbono al año por persona, o por familia. ¡Pum! Eso no lo habías pensado, ¿no?

Ya sé que los pesimistas me van a decir vendido y los optimistas comprado, pero ¿Acaso la vida no se trata de imaginar mundos posibles?

Si nos ponemos listos, los que creemos en el mundo distinto, podríamos obtener muchas cosas de esta situación. Yo, por lo pronto, estoy haciendo caso parcial a las recomendaciones y no me siento culpable ni irresponsable: mis actividades de reflexión de un mundo nuevo y distinto son esenciales. Tengo la obligación personal de ser una chispa mientras estoy vivo. No vivo en una gran ciudad porque hace años decidí que ya no eran sitios para vivir, trato de gastar lo menos posible y cuido mis kilos de carbono al año...  así que me doy ciertos derechos.

¿Y si nos obligamos a leer más, a quitarnos el miedo y a pensar cómo podemos hacer que esto no nos suceda de nuevo? ¡Hay demasiado en juego como para esperar sentados a que pase la tormenta! ¿Cómo vas a participar tú? ¿Qué vas a hacer en tu empresa, vida, familia, trabajo? A veces pienso que si lo que nos está preocupando es el caos económico que viene, realmente no estamos deseando  ningún cambio.

El cambio siempre es reto


EL FUTURO
Hace unos días escribimos en el blog de Mi2U que el futuro ya está aquí y que no podemos parar porque en estos momentos lo estamos construyendo... Así que yo pienso en una película de ficción con final feliz –o al menos con inicio optimista– y aunque no lo sea, lo pelearé. Si no lo llego a ver, al menos moriré pensando que lo intenté. 

Abajo te dejo mi epitafio número cuarenta y dos, prologado de un texto que me pareció, puede sumarse:

Nunca entendiste que tu vida es etérea
Hoy estás, mañana enfermas. Un día mueres.
Pero quieres sobrevivir tú,
te importa un pepino la especie
¿Y hablas de sacrificio, amor y bondad?

Te dejo una sonrisa
Una crítica amarga
La receta de un Campari
o de un buen gin. 

Te heredo el ánimo de la queja
de no estar nunca contento
Te pido el cambio 
y te dejo mi inconformidad.

¿Por qué deberíamos tragar lo imbebible
cuando podemos disfrutar el amor?
¿A quién le debemos la paranoia y el miedo a morir?

Sí, puedes callar
el silencio mascullar
Una quincena, un mes, un año
ser parte del triste rebaño

Igual, la muerte llega sin invitación, 
Mejor ser cenizas que polvo,
y vida con pasión.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario