25.1.16

El galeón de Manila y la influencia China en México

Hace unos días salió publicado "LA NUEVA NAO: DE FORMOSA A AMÉRICA LATINA. Reflexiones en torno a la globalización desde la era de la navegación hasta la actualidad", libro que recopila las ponencias desarrolladas durante el evento organizado entre la UAEM, el Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales y Humanidades de la UNAM y la Universidad de Tamkang (Taiwan). 

Con gusto me permito compartir el texto completo donde podrán encontrar el artículo "Del galeón de Manila al Made in Taiwan. Reflexiones en torno al entramado de la globalización", escrito para dicho evento por un servidor. En él reflexiono sobre la influencia China en México, pero también sobre la forma en que es construida la imagen de Asia, y particularmente de este país (incluyendo a sus territorios especiales, como Taiwan) en el mundo contemporáneo. 

Para quien esté interesado en la Teoría del Actor-Red y en los imaginarios, ésta podría ser una lectura de su gusto. En el mismo documento hago referencia a un libro de Gavin Menzies que me ha llamado particularmente la atención: el autor, un submarinista británico insiste que los chinos visitaron América más de 70 años antes de la llegada de Don Cristóbal Colón, pero la mayor parte de la intelectualidad de su país prácticamente lo anuló por lo que -insistieron- fue su falta de rigor académico. Las pruebas que presenta tienen varios puntos a favor, pero en lo particular lo que me interesa, más allá de su veracidad, es lo rico del debate entre el Sinocentrismo y el Eurocentrismo. 

Te invito a darle una leída al artículo y otras ponencias. Lo encontrarás aquí 

 

14.1.16

[Reseña de Libro] Historia del siglo XX, Eric Hobsbawm

Uno de los libros que más me impresionó de Eric Hobsbawm fue "La Invención de la Tradición". Desde entonces traté de leer tanto como me fue posible de él. Desafortunadamente en México no es un autor divulgado y sus libros cuestan tanto como el dólar hoy. Debe ser en parte porque los mexicanos no tenemos memoria y preferimos vivir al día. Por suerte, hay forma de solucionarlo: abrir "Historia del siglo XX" y comenzar a reflexionar. Acá un brevísimo esbozo de esta magna obra.

En "La invención de la tradición" junto con Terence Ranger, el autor analiza cómo los humanos creamos la tradición y después nos aferramos a ella como si fuera más antigua que nuestra cultura prehistórica. Ambos escritores analizan en dicho libro que la "tradición" no es sino una de las banderas de aquellos que detentan el poder, sea para justificarse o crear una justificación de sus acciones y perennizarse en sociedad. En "Historia del siglo XX", Hobsbawm hace algo aún más interesante: contar la historia del siglo como historiador y en primera persona, como alguien que lo vivió y observó estando cerca de Fidel Castro, Regis Debray, Alan Turing y muchos otros personajes que trascendieron en el planeta.

Comienza explicando que escribir la historia de un tiempo tan cercano siempre es complicado, pues es claro que "la historia -entre otras muchas y más importantes cosas- es el registro de los crímenes y de las locuras de la humanidad. Pero no ayuda a hacer profecías.", sin embargo, es claro que alguien con una visión tan amplia de los acontecimientos sucedidos entre 1914 y 1991 tiene mucho que contar. El libro inicia con la Primera Guerra Mundial y culmina con la caída del comunismo. 

Me gustaría sobre todo detenerme en algunos pasajes en los que el autor nos recuerda la labor de la historia y nos trata de explicar su importancia. ¡Cómo quisiera que esto lo comprendieran nuestros compatriotas y ciudadanos que viven lejos de las ciencias sociales! 
"La destrucción del pasado, o más bien de los mecanismos sociales que vinculan la experiencia contemporánea del individuo con la de generaciones anteriores, es uno de los fenómenos más característicos y extraños de las postrimerías del sigo XX. En su mayor parte, los jóvenes, hombres y mujeres de este final de siglo crecen en una suerte de presente permanente sin relación orgánica alguna con el pasado del tiempo en el que viven."
Lo anterior, reflexiona Hobsbawm, no permite la reflexión del presente y por supuesto hace que el mínimo de historia que conocemos sea el escrito por los ganadores. 
"Como este siglo nos ha enseñado que los seres humanos pueden aprender a vivir bajo las condiciones más brutales y teóricamente intolerables, no es fácil calibrar el alcance del retorno [...] hacia lo que nuestros antepasados del siglo XIX habrían calificado como barbarie [...] Los muertos se contaban por decenas y no por centenares ni por millones. Hemos olvidado que una convención internacional estipuló en una ocasión que las hostilidades en la guerra "no podrían comenzar sin una advertencia previa explícita en forma de una declaración razonada de guerra o de un ultimátum con una declaración condicional de guerra..."
Hobsbawm se sorprende, sobre todo por la dimensión de las guerras, por esta globalización en la que por primera vez en la historia somos capaces de escuchar la misma noticia al unísono, en los lugares más recónditos del mundo. Un mundo lleno de desigualdades y en el que el socialismo ha muerto, pero el capitalismo con rostro humano sigue siendo una promesa que tal vez nunca llegue. 

Quisiera decir tanto del libro, pero me temo que hacerlo terminase por obligarme a hacer, ya no un post en este blog, sino un artículo académico. Lo más que puedo hacer es decir que está dividido en tres partes: "La era de las catástrofes", que abarca la primera y la segunda guerra mundial (en la que se intersecta la llegada del comunismo, la gran depresión y la sorprendente alianza entre el mundo comunista y el capitalista contra el nazismo; "La edad de oro", que se refiere al periodo inmediato posterior a la segunda guerra mundial y a la creación del estado de bienestar, a la par de los bloques antagónicos de la Guerra Fría y del ¿surgimiento? ¿etiquetado? ¿invención? del tercer mundo. 

La última y tercera parte es la etapa ligeramente previa a la caída del Muro de Berlín, en la que "El tercer mundo" juega un rol cada vez más importante, a la vez que el planeta pierde su Eurocentrismo. Hobsbawm hace en este apartado un interesante análisis sobre el posmodernismo -con el que me parece que difícilmente un sociólogo podría coincidir en su totalidad- y termina con un texto que llama "El fin del milenio", en el que podemos leer a un hombre de noventa años, maravillado ante el esfuerzo tecnológico con un internet aún en ciernes (el libro en inglés se publicó en 1995, mientras que la versión en español no es sino de 2012. Como siempre, pasan décadas -17 años- antes de que nuestro latinoamericanismo pueda tener acceso a textos en nuestro idioma importado), pero también preocupado por el futuro: un futuro en el que el liberalismo no hace sino incrementar las diferencias entre pobres y ricos; entre sedentarios y cosmopolitas; entre clases educadas y grupos con escasa formación técnica.

No, su visión no es necesariamente optimista. Es cruda, es analítica y muy real: un hombre que vivió los resabios de la guerra más salvaje del mundo, la aparición de la ciencia y tecnología que prometía mejor vida pero fue empleada para oprimir a los desvalidos, la segunda guerra mundial o el ascenso y la caída del comunismo, no tiene por qué inventar un mundo feliz. Cuando mucho, puede advertirnos que si seguimos el camino que hemos llevado en el pasado, lo más que podemos esperar es que los momentos y situaciones se repitan; tal vez con otros nombres y personajes, pero con las mismas consecuencias. 

Yo acuerdo: deberíamos fijarnos más en nuestro pasado para reinventarnos e intentar otro futuro, pero no, parece que los duros vaticinios de tantas películas de ficción son aún posibles.

Hobsbawm, E. 2014 [1995]. Historia del siglo XX. Paidós, México. 614pp.


24.12.15

Dos notas: sobre la re-concentración mediática y En el corazón del Mar, vistas por Página 12


Saber qué pasa en la hermana república es para mí una tarea casi ineludible. De vez en cuando me doy una vuelta por Pagina 12, un periódico claramente de izquierda que cuenta con un equipo de reporteros de excelente calidad. Aunque no te guste mucho su línea, es difícil negar que tiene buenas notas. Van 2: una de actualidad y una reseña cinematográfica. 



1. ¿Marcha atrás a la democratización de medios? Desde antes de mi estancia en Argentina uno de los grandes debates políticos se dio en torno a los medios de comunicación y su fuerte concentración. Para nadie es secreto que el equivalente a Televisa es el grupo Clarín y que al igual que la primera, tenía un fuerte monopolio. Ojo, que éste no es un simple negocio que puede subir y bajar los precios a su antojo: se trata de subir y bajar la información a su gusto y contarte "la verdad" a su manera y después replicarla en todos sus canales. Algo que en México no hemos comenzado a debatir en las (depauperadas de ética) cámaras legislativas. En 2010 habían logrado restarle un poco de poder y se perfilaba una ley de medios en la que se abría la competencia y se descentralizaba. Se crearon la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca) y la Autoridad Federal de Tecnologías de la Información y la Comunicación (Aftic), que regularían el manejo mediático. ¿Qué hizo Macri el día de ayer? Destituir a los representantes que habían sido elegidos de forma legislativa (justamente tratando de balancear el peso presidencial). El debate está caliente y acá hay dos notas que vale la pena leer para comprender un poco mejor. 

Un decreto para avanzar contra la ley, por Sebastian Abrevaya

¿Qué más hay que esperar?, por Washington Uranga


2. Reseña "En el corazón del mar".  Más allá de la nota política, la parte cultural del diario hace un sesudo análisis de esta nueva película que no es un remake de Moby Dick sino algo que va detrás del escenario del propio escritor: se trata de un relato de cómo Melville se entrevistó con los protagonistas de la verdadera historia del cachalote más grande del mundo y cómo éste deshizo una embarcación de marineros demasiado confiados. La reseña es buena porque hace un contexto histórico y se va a la profundidad del ser humano. No solo es la ballena, sino lo que había alrededor de ella: ego, intereses monetarios y aceite para alumbrar y calentar y quién sabe cuántas cosas más. Si la política no es lo tuyo, pero el cine sí, no dejes de leerla. 

El Agua y el aceite, por Mariano Kairuz

Los mejores deseos de este blog para que la navidad te agarre leyendo y aprendiendo una vez que hayas cumplido con tus obligaciones familiares. 

22.12.15

La soltera que espera. Pequeño poema para almas solitarias

    La soledad, la triste soledad...

Ella no tiene suerte. Yo digo que ni la quiere tener.
Pero de noche se encomienda y de día fantasea:
a los santos y las vírgenes; con la cábala y los astros.
Quiere novio, mujer.

Y cuando le preguntas, ora dice que no, ora dice que sí,
que ya lo encontró, pero que lo dejó partir,
pa ver si regresa.
Del siglo veintiuno: sexo y poca cabeza. 

No quieren saltar al vacío y reinciden.
Regresan y se mienten que hoy será distinto.
Odian la cama fría y eligen mirar la novela.
Ser víctimas de su propia espera,
olvidan que el mundo está afuera.

Solteros y solteras que deambulan
con caña de pescar y anzuelo podrido.
¿Qué buscas amor, la presa del día o el infinito latido?


Para gente querida, presa de la soledad y encerrada en el torbellino de la pasión que ciega. 
(Favor de leer despacio y un par de veces).

13.12.15

De la hoja blanca a la hoja llena: ¿es difícil escribir?

Libretas, recortes, historias, cuentos y tecnología para escribir
Mi historia se remonta a los diecisiete años, dicen que un poco tarde para comenzar, pero eso siempre será una cuestión de enfoques. Borges publicó a los 16 por primera vez, aprendió a leer a los 3 e hizo su primer poema como a los diez. Pero Borges era Borges. Yo solo quiero contar cómo uno se inicia en la escritura y deja de lado el miedo de la hoja blanca

Decía que comencé antes de ser mayor de edad: mi madre, un poco antes de que yo hiciera mi primer y único viaje de mochilero a Japón, me regaló una libreta con un logotipo que sería por muchos años el de mis libretas favoritas. No, no era Moleskine, era un símbolo de la Universidad de Tamkang, en la que trabajaba mi viejo. Dato curioso: mi padre es quien siempre estuvo más cerca a las letras y la intelectualidad, pero fue mi madre la que me dio la libreta e inició este proceso. 

Antes de la libreta, siempre tuve recortes: de periódicos y de revistas; etiquetas, caricaturas, cosas que me llamaban la atención y que me inspiraban. Leer siempre fue una pasión y afirmo, sin dudarlo ni un segundo, que para escribir hay primero que leer, y que si no tienes la idea clara es porque no has leído suficiente: no tienes algo interesante que decir. Es, además, un vaivén constante: lees y plasmas; plasmas y luego lees. Una especie de ying y yang; un círculo interminable y sin inicio. Tus lecturas influyen tus textos y tus textos definen tus lecturas... Aunque siempre hay que darle espacio a la espontaneidad y a la oportunidad de sorprenderte. No te claves.

Leí, leí, leí. Eso mismo dijo Werner Herzog en una entrevista que le hicieron, respondiendo a la pregunta "¿De dónde saca usted la inspiración?". El tipo dice "read, read, read..." unas veinte veces seguidas. Éste es el link al post que hice sobre esa master class. 

Recuerdo también otra fórmula, de García Márquez, ésta. La leí en un libro acerca de un taller que lo había tenido por exponente principal y al que los participantes habían llegado tras haber sido seleccionados sus textos. Su recomendación era simple: escribir todos los días y a toda hora, porque "así, cuando llegue la inspiración, los agarrará sentados y con la pluma en mano". Eso dijo El Gabo, quien no tuvo problema en escribir libros con más de 400 páginas. "Poner culo en silla", decía uno de mis tutores en el doctorado, de forma menos elegante pero más pragmática.

Los borradores de Borges
Y ahí entramos a otra cosa: el proceso. Dicen que cuando uno escribe un cuento, tiene muy claro el final. No recuerdo quién lo dijo, pero era algo así como "el cuento tiene que durar lo que uno se tarda en escribirlo: una sentada". En el camino podrás modificarlo, pero en lo grueso, está listo. Una novela es otra cosa: escribes y los personajes cobran vida. Se pueden morir en el camino, cambiar de pareja o volverse contra ti. De una tesis, ni hablar: sabes (a veces) cómo inicias, pero no tienes idea de cómo terminará (o si lograrás finalizarla). Me encantaba, en Buenos Aires, en el Centro Cultural Borges, ir al primer piso y ver un par de páginas de sus borradores: taches, adiciones, nuevas frases, pero todo en corto. Borges buscaba la palabra, García Márquez una frase. Uno hacía novela y el otro, cuento. Sajón frente a Latino.

Uno llega a la hoja blanca tarde o temprano y lo mejor que puede hacer es comenzarla a llenar. Mi máxima es que cuando algo sobra se puede eliminar; pero si algo falta, es porque aún no está hecho. Siempre pensé que el peor crítico es el que tienes en el espejo. Hay que dominarlo: autocensuramos las primeras frases y olvidamos que son ideas iniciales, lo que otros llaman "lluvia de ideas". Déjalas salir, ponlas ahí y permíteles que poco a poco hilen con el resto. No importa si no te gustan: lo más probable es que regreses a por ellas y las muevas de lugar o las elimines, pero siempre habrán servido para iniciar. Escribe, que ya habrá tiempo que otros lo deshagan; la hoja blanca es como la vida: hay que llenarla.

Por supuesto, después viene la calidad, el contenido, la trama, la coherencia y más, pero eso se hace en el camino. De gran importancia, la apertura hacia los comentarios, y las habilidades de escuchar y observar, que se adquieren con los golpes de la vida. En suma, después de la hoja blanca no hay fórmulas, todo es contenido y tiempo. Y algo más: nadie que yo haya leído, no está al menos subrepticiamente reflejado en su obra. Quien escribe debe estar listo para desnudar una parte de su ser.

Posts del Andaryego por año 
Después del problema de la hoja blanca viene el de la hoja llena. ¿Cómo darse tiempo suficiente para escribir todo aquello que a uno le gusta? Cualquiera que vea la imagen de la actividad de este blog podrá constatar que 2015 corre el riesgo de ser el menos productivo de la historia del Andaryego y que si lo logra, apenas superará al 2009, cuando estaba en sus correrías en la selva del Perú. Ése es el problema de la hoja llena: además de este blog, quien suscribe mantiene un blog del trabajo y las redes sociales del mismo. 

Y por si fuera poco, básicamente vive de escribir todo aquello que hace en la vida práctica: artículos sobre investigación, informes finales de consultoría, estrategias de comercialización, etc. ¿En qué momento puede otorgarle a su pasión un poco más de su tiempo? Escribir es una ocupación de tiempo completo. Eso sí, no olvides que unas cosas son las que alimentan (el espíritu) y otras, las que dan de comer.

Así que si estás preocupado(a) en este momento por la hoja blanca, sigue leyendo un par de cosas más y pon manos a la obra. Olvídate de los demás y de ti mismo. Simplemente deja que la pluma te lleve, que las ideas se conviertan en palabras y escribe. Escribe, escribe, escribe, escribe, escribe. Escribe. 

Ya después recortarás. 

11.12.15

[Libros] El Padura chino: Qiu Xiaolong y su Seda Roja

Siempre en busca de cosas distintas y con una mirada en Asia, me encontré ahora con Qiu Xiaolong, autor chino editado por Tusquets (sí, esos libros de portadas lindas en fondos negros y de la colección andanzas). Me permito hacer unas notas. 

Portada: 99%. El medio cuerpo de una mujer vistiendo un Quipao (el clásico vestido mandarín) de color rojo, con una abertura en la pierna y la mano en la cintura. Unos símbolos chinos incomprensibles, justamente misteriosos y un título "Seda Roja". ¿Quién no se iba a sentir atraído? 

Contenido: a evaluar por el lector. Quien redacta tiene una percepción que no alcanza el 8 en escala de 10, aunque reconoce que la novela policiaca no es precisamente su adoración. Digamos que el 1% de queja de la portada es el cuadrito que no vi y que dice "Serie inspector jefe Chen Cao". Resulta pues que el jefe Chen es una especie de Mario Conde de Padura: un policía de la ciudad que se dedica a cazar a los malos por medios poco ortodoxos y que mezcla su amor a la literatura con la investigación criminalística. El alter ego de Padura y de Xiaolong que decidieron ser escritores porque no pudieron ser policías.

La historia se refiere a una serie de asesinatos en los que varias mujeres son interceptadas por un enfermo mental que tuvo problemas en la niñez. El malo las desnuda y luego las viste con un Quipao rojo con roturas en los costados. El policía Chen va descubriendo, poco a poco y con la ayuda del psicoanálisis y la literatura clásica china, las razones del asesino al tiempo que hace su tarea de maestría sobre las femmes fatales.

Seguramente lo que es más rescatable para un intento de sinólogo como un servidor es lo que sucede en la China contemporánea: primero el crecimiento de Shanghai y cómo se ha dado -se mezcla la trama con la construcción de edificios y la corrupción rampante en el país a causa del dinero y de todo lo inmobiliario-, enseguida la convivencia entre los viejos comunistas y un mundo que se abre de lleno al capitalismo, sin restricciones ni orden. Las descripciones gastronómicas, de los sitios de citas y de algunas zonas de la ciudad son entretenidas para quien, como yo, solo tiene la ocasión de imaginárselas de forma virtual. 

Un mundo interesante, el de la China con dos sistemas, que intenta invisibilizar en la línea arquitectural los milenios de historia que aún transmiten sus pobladores y zonas antiguas, sin darse cuenta que su energía y sus fantasmas, permanecen.






8.12.15

Tesis completa: La Sherezade del Desarrollo: Redes y actores en la construcción del entramado turístico en el espacio rural. Dos casos de estudio en Perú y Argentina: el Valle del Colca y Tafí del Valle


Esto es casi un manifiesto y el cierre de un círculo que abre otro. Desde que la experiencia del doctorado comenzó en 2010, la divulgación de la tesis me parece el punto culminante. Es cierto que no está impresa y menos tiene visos de Best Seller (eso solo lo hace el bueno de Umberto), pero es un enorme motivo de orgullo, pues finalmente representa la oportunidad de compartir un complejo trabajo. Algunas notas al respecto.


Corría el año de 2010 y FLACSO me aceptaba (creo que siempre se preguntaron porqué) en su Doctorado en Ciencias Sociales. Entrar a las oficinas de la calle Ayacucho, en Buenos Aires, fue primero retador y pronto se convirtió en costumbre: sesiones grupales, clases, discusiones, horas en la biblioteca y muchos intercambios con personas que a pesar de nuestras diferencias formativas -países, escuelas, géneros, intereses e historias- compartíamos el gusto y sufrimiento de ser "doctorantes" (ahora la palabra me hace pensar en los replicantes de Blade Runner), una subespecie humana que gusta del masoquismo intelectual y está dispuesta a morir por él. 

Un año y diecisiete versiones de proyecto de tesis; más de mil páginas escritas entre borradores, pruebas, presentaciones, resúmenes de lecturas y más; una directora de tesis perdida y una nueva que llegó a rescatarme, un co-director aguerrido y divertido con mis avatares, tres tutores y una buena docena de compañeros de batallas, sueños, vinos, angustias y cervezas, incontables, todas ellas. Un mundo nuevo en el Nuevo Mundo; una experiencia que me llevaría a esto: una tesis de casi trescientas páginas que cuenta la historia de cómo llega el turismo al espacio rural en dos interesantísimas poblaciones: El Valle del Colca y Tafí del Valle. 

Comencé con la antropología y Clifford, los Commaroffs, Apadurai, Lévi-Strauss, Mac Cannell Gascón, y de ahí me fui a la sociología, donde me estampé con Latour, Urry, Sheller, Law, Bourdieu, Van der Duim y muchos más. Luego reboté en la geografía con Harvey, Müller, Lanquar, Moss y Mc Carthy y pasé por los Estudios Culturales (Stuart Hall) y hasta la psicología (Freud, Geergen...). La lista es finita cuando revisas la bibliografía, pero infinita cuando quieres decir que los leíste con detalle y que hoy, a cinco años de distancia, los recuerdas. 

Tal vez descubrí lo que ya estaba descubierto, pero también le traté de dar mi propio enfoque y palabras. Posiblemente lo que mejor entendí es que todos hablamos y escribimos dejando líneas en el camino y que son esas líneas las que frecuentemente contienen más riqueza. Las palabras ocultas, los significados nebulosos, las ganas de decir sin estallar... y que hasta los silencios suelen contener más de lo que pensamos. Como lo copio en la última cita del libro (que extrañamente nadie censuró, porque al final es también la sátira más grande), relaciones hay, el asunto es encontrarlas. Es muy fácil pasar de patate patate en cinco palabras.

Si el lector llegó hasta este párrafo es sin duda un candidato para leer un poco de la tesis. Masoquismo puro. Si logra terminarla deberá contarme para anotarlo en el "Muro al lector valiente". Perdóneseme el largo texto para el corto link, pero era menester ponerle un poco de sal al corte antes de usar el cuchillo y el tenedor. 

La tesis completa, que dinero más, dinero menos, costó algo así como 50 mil dólares, 48 meses, 2 ojos miopes, una silla de 6 dólares y al menos dos relaciones sentimentales, espera ansiosa para ser leída y discutida. Me encantaría recibir sus comentarios.

La Sherezade del Desarrollo... puede ser descargada de aquí. Todos mis ánimos para que tengas una buena lectura:

https://www.academia.edu/19543872/La_Sherezade_del_desarrollo_Redes_y_actores_en_la_construcci%C3%B3n_del_entramado_tur%C3%ADstico_en_el_espacio_rural._Dos_casos_de_estudio_en_Per%C3%BA_y_Argentina_el_Valle_del_Colca_y_Taf%C3%AD_del_Valle

Ah! Banal como parezca, decidí hacer pública esta tesis y divulgarla de este modo porque a pesar de mis esfuerzos para conseguir su publicación, los resultados fueron insuficientes. O bien tenía que aportar económicamente, o estar adscrito a una universidad que tal vez la seleccionaría, o ganar un concurso que ofreciera imprimirla. Por suerte tenemos internet y aunque no aporte en lo económico, para mi es un gusto ponerla a tu disposición y decirles a los promotores de la ciencia, que aún no están listos para la investigación desde la independencia.

4.12.15

Ser loco y científico, te hace feliz!


Comparto una nota divertida para mí (seria para el CONACYT), en la que dicen que ser científico y estar loco aporta felicidad en la vida. Bueno, no exactamente, pero algo así como que hicieron un estudio en el que se comprueba que ser científico es uno de los trabajos que más felicidad aporta. El texto dice así: 
"Las principales causas por las que la gente no aprecia su trabajo son porque no ven oportunidades de crecimiento, no les gusta lo que hacen, no son bien remunerados ni valorados, entre otros factores, según un estudio realizado recientemente por un grupo de investigadores del Instituto Tecnológico de Sonora (Itson).
Ante este panorama, que no parece muy alentador, sí existen trabajos en los que la gente es feliz, en los que disfrutan cada uno de los minutos que pasan ahí, en los que no tienen que cumplir un horario, que les permiten conocer el mundo, que les ofrecen oportunidades de crecimiento y en los que su talento es reconocido y valorado por mucha gente; uno de esos empleos anhelados existe y se llama ser científico."
Esperemos que esto no sea el preludio de una reducción de presupuestos o de becas, pero es una nota simpática para quienes aún dudan si el camino de la ciencia es el adecuado. De mi parte, les puedo decir que aunque no siempre es el que da más billete, sí aporta bastantes satisfacciones. 

Artículo completo aquí

30.11.15

Pero la esencia se mantiene...

El tema de la "esencia de uno" fue motivo de discusión durante buena parte del fin de semana. Un fin de semana sin duda particular porque reunió a dos viejos amigos en un viaje que trajo reminiscencias y discusiones pendientes. El resultado es este post, que utiliza el anecdotario personal para debatir si después de muchos años seguimos siendo los mismos.

La primera moto que manejé era una Vespa Piaggio de 40cc. La compró mi padre porque quería ir en ella al trabajo, pero pronto se dio cuenta que hacía frío, que el motor era pequeño y que era mejor dejarla en casa. Así aprendí a cambiar bujías, mezclar gasolina y aceite y darme los primeros golpes. Tenía nueve años.

En la escuela secundaria, por artes de la casualidad conocí a uno de mis mejores amigos. Coincidíamos en muchas cosas: las iniciales de nuestros nombres y apellidos, la libertad que nos daban nuestros padres para ir de fiesta y viajar, nuestros gustos por ciertas chicas y claro, la pasión por las motocicletas (hacia los 17 él tenía una Kawasaki EX500 y yo tuve mi primera Honda Nighthawk años después). Hasta nos liamos a golpes un par de veces, pero la amistad -vaya usted a saber por qué- se mantuvo y subsiste.


Pero él se casó a los 22 y yo sigo soltero; tiene un negocio -para siempre- en nuestra ciudad natal y yo la abandoné hace 15 años; ama el futbol y la televisión, mientras para mí son opiáceos de la sociedad. ¿De qué podríamos platicar a los 42? ¿Qué podría resultar de un viaje de tres días juntos? Después de tres meses de fijar la fecha, decidimos que iríamos en moto. Él primero llegaría hasta Oaxaca, y ahí yo me uniría en la mía para moveríamos a Puerto Escondido. Y así fue. 1750 kilómetros para él y unos 650 para mí, en cuatro días.

Lo primero que aprendí es que aún soy capaz de ver dos partidos de futbol al hilo sin prestar la mínima atención ni recordar quién ganó o perdió. También que puedo hacer reflexiones doctorales y que mis argumentos pueden ser rápidamente tirados por la borda por el pragmatismo de mi compadre.  Igual, comprobé -una vez más- que la motocicleta es el mejor medio para hacer un viaje entre "Bikers independientes": uno se adelanta y acelera como sintiéndose parte de un rally, mientras el otro se queda atrás, toma su ritmo y se para a fumar tantos cigarros como le da en gana. Al final, el de adelante se detiene a esperar y el de atrás alcanza. Cero discusión, solo una seña de ok, una breve charla sobre los eventos del camino y a continuar. 

Después de mi accidente motociclístico hace casi dos años no había vuelto a hacer un viaje largo. Seguramente por eso disfruté cada kilómetro: curvas, humedad, topes, huecos, rebases, frenadas, paradas para comprar agua, cargar gasolina, silencios, pensamientos del camino. Este viaje me hizo olvidar prácticamente que me había accidentado y de algún modo fue un reencuentro con La Alebrija, mi moto. 

Mientras discutíamos en la playa surgió el tema central de este post: a pesar de todos esos años, ¿nuestra esencia es la misma? Mientras él insistía que así era, yo debatía que no era del todo cierto. 

Tuve que reconocer más de tres veces que en efecto, el tema de la motocicleta, el amor por el futbol, la pasión por los viajes y hasta el gusto por la discusión son parte de nuestra esencia, pero me resisto a reconocer que soy el mismo de hace 20 años. ¿Para qué el estudio, qué caso tenía casarse, si al final terminaríamos siendo los mismos de entonces? Es verdad, desde los 17 escribo y tengo libretas personales de notas, pero según yo, los contenidos son otros. En una época me dio por hacer cuentos, en otra ensayos, notas políticas en un hebdomadario local y el doctorado me dejó prácticamente seco de ideas: tuvo que pasar más de un año para que me atreviera a producir textos más largos. 

Si la esencia es escribir, entonces sí, se mantiene. Pero me parece muy vasto -tal vez solo quisiera que fuese más específico-. Es más, en este mismo momento busco el término "esencia" en mis lecturas. Al no hallarlo se me ocurre "sustancia", usado por Latour, pero aunque no se trata de lo mismo, me lleva a la referencia circulante, como llama a estos símbolos que se refieren a objetos aunque no los contengan físicamente: un jugo de manzana de Coca Cola es solo un código de barras en una hoja de inventarios, por ejemplo. La esencia para mí es como esa referencia: se mantiene, explica algo y habla de él, pero no es lo mismo.

Viajo desde los dos años -o al menos eso me cuentan- y todos reconocen (¿o denuncian?) que tengo ese vicio. Podría reconocer que en esencia soy un viajero empedernido, pero también debería decir que mis viajes son distintos, por más que contengan invariablemente un poco de fiesta, descubrimiento y búsqueda de nuevos contactos: a los veinte podía conocer lindas chicas y ahora me dicen señor; aunque me encanta ir de fiesta, ahora no soporto la canción del taxi o La ventanita de Garibaldi (pero confieso que sería capaz de bailarla si una linda chica me lo pide); este año tuve un par de viajes, todos relacionados con trabajo, salvo el de este fin de semana. Antes viajaba para conocer los sitios arqueológicos o históricos, ahora prefiero ir de visita a casa de amigos.

Así que si la esencia es esa cosa que gruesamente te describe como viajero, honesto, fiestero, sociable, intelectual, nerd, futbolero, desordenado, dramático o despreocupado, entonces debo coincidir con mi homónimo de siglas que sí, se mantiene. Pero, ¿significa esto que a nuestros políticos les enseñaron la esencia del robo desde pequeños? Esto me hace reflexionar que si en algo interviene el tiempo y los aprendizajes, entonces es posible que algunas cosas cambien: que el que era tímido haya encontrado en su dinero -o en su éxito profesional- la seguridad para ser un conquistador, o que el borracho se haya convertido en devoto de la AA; y hasta que los del partido en el poder no hayan nacido en esencia, con orejas, bigotes y dientes de rata.

Si algo me parece que podría confirmar es que en la medida que uno penetra en el túnel de los cuarenta las neuronas y sus canales neurotransmisores se endurecen: la información solo fluye en ciertos sentidos y nos hacemos más testarudos. Así como la fruta que en un inicio es verde, la cabeza también madura y con frecuencia endurece. De este modo nos convertimos en testarucos (por testarudos y rucos) o en adolescentes reincidentes. Hace unos días pensaba que nos hacemos más decididos, pero ahora solo pienso que reducimos las opciones de debate y nos resguardamos en nuestra burbuja.

Por cierto, aunque sé que al 70% de mis 10 lectores el futbol les dice lo mismo que a mí, me permito compartir que en el futbol siempre hay finales (aunque antes se llamaban cuartos de final) y campeonatos (del futbol beréber, la UEFA, la CONCACAF o de las ex repúblicas de la URSS), todos hechos con la misma esencia: distraer al pueblo de los asuntos más importantes del país o venderle algo que no necesitan. Lo mismo sucede con las amistades que uno hace en la infancia o adolescencia: la esencia -lo grueso del yo- se mantiene, aunque las barbas y las canas ya estén donde antes todo era monocromático y lampiño, pero muchas cosas se modifican.  









23.11.15

Dos libros, un Campari y unos días de vacaciones: Herejes, de Leonardo Padura y Vicio Propio, de Thomas Pynchon

Noviembre me ha tenido fuera de casa y con muchas novedades. Después del acelerado paso por Guyana que es aún un capítulo sin terminar, me moví a la Riviera Maya que sin duda es otro capítulo en sí misma. Si bien pienso abordar el tema de sus personajes, congresos e historias pronto, por ahora solo dedicaré un tiempo a un par de recomendaciones bibliográficas de vacaciones. Porque también de vacaciones vive el hombre. 

Herejes, de Leonardo Padura.
Leer a Padura es para mí como regresar un poco a Fantomette o Tintin. Es divertido y atrayente, aunque no constituye lo que llamaría literatura de alto nivel. Por supuesto, reconozco que "El hombre que amaba a los perros" es una excelente obra en la que cuenta con lujo de detalle la vida de Trotsky y la enlaza con la de Ramón Mercader, su asesino, pero al mismo tiempo pienso que sus otros relatos pierden fuerza, pasión y contenido histórico. 

Su personaje principal, el policía Mario Conde (casi un detective al estilo americano) siempre resuelve líos intrincados en los que las historias de cada libro se entrelazan, haciendo que casi se vuelva una obra de fascículos coleccionables (de ahí mi referencia a Tintin o Fantomette). Y no es que eso sea malo o aburrido, pero digamos que lo lleva a eso que los escritores hacen con frecuencia: repetirse tras haber encontrado una fórmula que les permite imprimir y comer. Nada malo en eso, solo lo considero inversamente proporcional a la creatividad. 

En Herejes, Padura hace una apuesta distinta: vuelve a la novela histórica, pero también inserta a su detective habanero y hace que la aventura de un cuadro de Rembrandt, que pudiera ser mucho más rica, se mezcle con relatos de emos, exiliados y amores románticos de carnes sudorosas y apasionadas. Es como si de pronto Tintin hubiese querido resolver el secreto de la vida de Da Vinci mientras el Capitán Haddock juega con el profesor Tournesol a la guerrilla latinoamericana en Alcazaropolis y la Castafiore pervierte a un costeño dominicano. Ni verdad ni ficción, sino todo lo contrario. 

Por supuesto, la prosa es rica, el texto entretenido (ronda las 500 páginas) y salta del siglo XVII y la historia de la cacería de los judíos en Amsterdam al siglo XX y las desventuras de los Kaminsky, una familia de refugiados judíos que tuvo la mala suerte de estar en un barco que en 1939 fue impedido de desembarcar en Cuba, luego en Miami y terminó por volver a Europa, donde sus ocupantes fueron puestos a disposición de los alemanes del austriaco Hitler.  Todo se encadena gracias al cuadro, que en realidad no fue pintado por Rembrandt, sino por uno de sus discípulos -un judío de nombre Elías Ambrosio Montalbo de Ávila- que después pasa como herencia entre generaciones hasta que cae en manos de la hija de un burócrata corrupto que se lleva la tela -sí, créalo usted, señor lector- en una lancha que huye hacia la siempre salvadora Miami. 

En fin, después de leer unos cuatro o cinco libros del hombre que recibía el premio Princesa de Asturias (antes príncipe), me declaro un poco aburrido de los personajes y salvo que lea algo tan bueno como aquella historia de Trotsky, me temo que dejaré a don Leonardo en el anaquel de novelas para las vacaciones y los fines de semanas. 

Una última nota: me pregunto si a Padura, no le habrá faltado un acento en el acta de nacimiento, porque a mí, me gusta que suene a Pádura. Solo porque las esdrújulas son más fuertes, son altaneras, valientes, con personalidad... tal vez en su próximo libro. 

Padura L. 2013. Herejes Tusquets Editores. 


Vicio Propio, de Thomas Pynchon
Elegir un libro cuando estás de vacaciones, has terminado un congreso y lo que menos quieres es meterte en temas serios es complejo; hacerlo con una librería Sanborn's como única alternativa, aún más. La selección fue una especie de libro policiaco, con la imagen de una vieja camioneta de surfers californianos en un crepúsculo costero. Literatura barata en tiempos de gringos en Playa del Carmen. ¿Se podía pedir algo más? 

Casualmente, la misma colección (andanzas) es la que editó Herejes y ahora me llevó por una tierra que podría tener paralelo con aquella película de "Malice in Wonderland", esa sátira-parodia de Alicia en el país de las maravillas que había referido años atrás y no deberías dejar de ver (aquí).  Y Digo paralelo porque entre fumadas de Cannabis Indica, esnifeadas de cocaína, pinchadas de heroína y deglución de pastillas psicotrópicas, Pynchon consigue hacer una novela policiaca (sí, otra) en la que describe la California de los años sesenta, con todo y su toque de sexo, policías desarreglados mentalmente, empresarios que mezclan los buenos negocios con la distribución de drogas y bandas de rock, jazz y música surf. 

Me hizo pensar en esas cosas que leí en mi juventud que podrían llamarse pulp fiction (y me entero después que existe una película basada en el texto, seguramente una "b" Movie). A pesar de todo, algo tiene que en 400 páginas te hace viajar en el tiempo, conocer personajes, pensar en rubias tontas, asiáticas pervertidas y la atmósfera sesentera donde lo único que importaba era mantenerse elevado y sobrevivir entre mafia, billetes falsos con la cara de Nixon y centros psiquiátricos donde las malas esposas dejan a sus millonarios maridos mientras se van de fiesta y follón con sus guardaespaldas.

Doc es un hippie que juega al detective privado y recibe la visita de su ex-novia, quien recibió la propuesta de desaparecer a su nueva pareja, el magnate Mike Wolfmann, en contubernio con la esposa y uno de sus guardaespaldas. No, nada nuevo bajo el sol, pero una trama constante y simple que se puede leer mientras el sol brilla en tu respaldo y dos morenas de pequeño bikini pasan frente a ti sin siquiera constatar si estás vivo o muerto. Otro gin tonic, linda. Por favor. 

Pynchon T. 2011. Vicio Propio. Tusquets Editores.

PS: Ah! Una nota al calce. Mal por la traducción al español ibérico, que en México queda bastante corta.

14.11.15

Fort Island, o el mundo de Asha

Asha es una niña de unos 8 años. Viste una blusa amarilla y una falda negra con olanes. Tiene el cabello peinado en una casi perfecta cola de caballo y se nos acerca en cuanto nos ve llegar. Saluda a nuestro guía de manera bastante familiar y se une a nuestra visita al Fuerte Zeelandia, o Fort Island, como lo llaman ahora. Hace días que tengo su mirada y la historia de su vida clavada en la mente. Me hace pensar en turismo, en Guyana y en la palabra grosera: "desarrollo". 

Es la misma mirada que he visto en Cotahuasi, Cancún, Ayacucho o muchos de esos lugares "turísticos" de mi América Latina: ojos negros, profundos y brillantes que interrogan y hablan; ojos que cuentan una historia, hablan de ganas de cambio y de una mejor vida -o por lo menos diferente. Historias de niños que se encuentran con "el desarrollo" y se convierten en sus víctimas o héroes. Los soldados del frente, la infantería. ¿Será por eso que se usa ese término castrense?

El mundo de Asha es una isla que ni siquiera tiene una calle; tampoco circulan autos, bicis o motos. Es tan pequeña que solo tiene un andador, unas 6 casas y dos construcciones del siglo XVIII. Ahí, en 1744, los holandeses que llegaron antes que los ingleses construyeron un fuerte. En las puertas del Essequibo, uno de los más grandes ríos de Guyana, hoy país independiente que no llega a ochocientos mil habitantes. La isla no debe tener más de dos kilómetros de largo y trescientos metros de ancho. Asha tiene cinco hermanos más. Ella es el sandwich: ni la más pequeña, ni la más grande, pero hoy es la mayor, pues los primeros dos ya abandonaron la isla del castillo abandonado. 

Además del fuerte, en 1752 los holandeses construyeron una iglesia que después sirvió también como corte de justicia y espacio para la subasta de esclavos. Sí, Dios de un lado, la justicia del otro y los jodidos en el extremo, como siempre. La iglesia -hoy museo de un museo, o resto de museo- huele a excremento de murciélagos y está tapizado de textos que cuentan la historia de los holandeses en el Essequibo; tiene algunas banderas, piezas antiguas y transpira abandono. Es también imposible hacer fotos, como si uno aún se pudiera robar el alma de la construcción, que debe haber cambiado de morada hace ya siglos. 

El embarcadero es un viejo muelle de madera que alberga una desvencijada construcción verde con blanco, tal vez un día utilizada para recibir visitantes o altos dignatarios que habrán asistido a una ceremonia conmemorativa de la presencia holandesa en el país que hace esquina entre el Caribe y la Amazonía. Hoy es solo un mudo albergue de insectos que resiste los embates del sol y de la lluvia, sin que nadie le preste un poco de ayuda. El abandono traspasa los poros y todos los sentidos: un tipo echado en su hamaca, basura acumulada en la costa, un par de pequeñas embarcaciones y mierda. Mucha mierda de las vacas que hoy pastan en el fuerte sin que nadie les pida papeles o les advierta de su intrusión. 

A pesar de eso, los padres -más bien la madre, porque el padre ya se ha ido a trabajar a otro sitio- de Asha han hecho un pequeño esfuerzo: algunos árboles frutales han crecido y ofrecen sus maravillas: una pomarosa, de esas que pintan el piso de fucsia incandescente en temporada; una guava; algo muy similar al majambo peruano, ese enorme melón con semillas gigantes y perfumadas que se tuestan como si fueran castañas en invierno. Nada más. Mentira: una planta, que ha desarrollado hojas espinosas para resistir a las rumiantes depredadoras y a otros insectos de la selva, se yergue con orgullo en una de las esquinas del depósito de armas abandonado del castillo. 

Y yo sabía que la vida en una isla era jodida. 

Pero no puedo de dejar de pensar en Asha, en sus oportunidades de vida y en lo que hará una vez que se le terminen esas pipas para fumar tabaco, de dudoso origen holandés, que ofrece por unos cuántos dólares y como reliquia del paso de unos barbados rojos, rubios, blancos y metálicos que deben haber cuidado su isla. Seguramente tomará el mismo destino que sus hermanos mayores: el mundo urbano y su caos; un trabajo, un marido en Georgetown, porque la vida en la isla se acaba cuando recorres sus límites en menos de diez minutos. Finito. 

Su isla. Un pedazo de tierra abandonado (¿desconocido?) por las políticas públicas. Un monumento histórico que tiene mucho que contar -sobre todo de aquello que ya no quisiéramos hacer-; unos cuántos árboles que se pintan de colores por días y resisten los embates de la lluvia el resto del año; un hogar donde no existe la electricidad, donde no hay telefonía, café-internet, posta médica, escuela u otros niños con quienes correr hasta tocar el agua y volver. Una isla que pierde un poblador cada vez que cumple años. Un pedazo de tierra al que llegan de vez en cuando consultores y turistas: oportunidades para contar que los residentes viven y que no comen historia ni recuerdos de otras épocas, que para ellos el desarrollo no existe y que más valdría hacer algo antes de que el último fantasma se vaya con el resto de hombres, a trabajar en las minas ribereñas, al sueño del oro, a la búsqueda de El Dorado. A repetir el mismo camino que Sir Walter Raleigh recorrió en 1616. 

¿Y tú qué harás, Asha?


13.11.15

Entre los grandes, los mexicanos, quienes menos vacaciones tenemos: Euromonitor International

Interesante reporte de Euromonitor International, que en su reporte 2015 nos cuenta, entre muchas otras cosas, que los mexicanos -entre los países grandes-, somos los que menos vacaciones tenemos. Justo cuando tomar vacaciones es un mecanismo de relajo, recuperación de fuerzas y posibilidad para pensar e innovar. 

¿Qué dices de esto?  El reporte completo, lo puedes bajar acá (Te pedirán que te registres, pero es gratis y vale la pena).  Y checa los destinos más Hipster... si eres uno de ellos ;-)